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Lun a Vie de 11 a 20 hs. Sáb de 11 a 14 hs.

Nocturno

Daniel García

Del 25 de Noviembre de 2011 al 25 de Febrero de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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Nocturno se compone de dos series de obras, una de desnudos y otra de pinturas del cielo estrellado.

Podríamos decir, lo íntimo y la exterioridad más lejana. Ambas con obras de gran formato hacen referencia a la tradición del realismo, de la mímesis.

Y también tienen en común el hecho de utilizar
para la mímesis aquello mismo que la contradice.

Las texturas obtenidas por accidentes, despintados y lijados si bien revelan tanto el proceso de la pintura, como el que ésta es una superficie con espesor, destruyendo por tanto la representación mimética del espacio, contribuyen por otro lado a generar texturas que evocan, más que representan, la piel, los muros, el polvo estelar.

 

El título de la serie de cielos estrellados alude irónicamente a esto. Ad astra per aspera, la alocución latina que se puede traducir como “a las estrellas a través de las dificultades” o “del sacrificio”, es tomada literalmente por García: “a las estrellas por lo áspero” es decir, por la textura.

Y es que la imagen pictórica se va construyendo por ese constante proceso de pintado y despintado, de lijado y vuelto a pintar, que retiene las etapas de su creación y anticipa las marcas que el tiempo dejará en ella.

 

Como en todas las pinturas de Daniel García, las citas y referencias se multiplican y amalgaman.

En los desnudos, la pornografía amateur, la tradición del realismo (con Lucian Freud como protagonista), y en algunas obras sobre papel, la cita expresa a Munch y Bacon. Las pinturas de estrellas son más indirectas.

Por supuesto, está la referencia a las pinturas y dibujos de Vija Celmins y las fotografías de Thomas Ruff, pero la principal fuente para García han sido las celestografías de Strindberg quien expuso placas fotográficas al cielo nocturno intentando una especie de fotografías astronómicas sin cámara. El resultado fue una serie de imágenes salpicadas de puntos de luz, que Strindberg creía que eran estrellas, pero que, según se ha demostrado, eran en realidad defectos técnicos fruto de la microoxidación y el depósito de polvo.

 

De todos modos, el efecto logrado por Strindberg era misterioso y fascinante e influyó en los cielos nocturnos pintados por Munch.

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Carpe noctem para Daniel García


El carpe noctem es también como el carpe diem, sólo que nocturno: “gozar la noche”, “carpir el terreno”, “cortar flores mientras paseamos, sin detenernos”, y hasta “recortar del manto ubicuo de un dios nuestros nombres posibles”.

Me gustaría no hacer ninguna distinción entre los escritos sobre arte y los escritos sobre poetas, porque se trata, como bien lo definió Yves Bonnefoy, de desprender una experiencia en lo que ella es, para apartarla del olvido. Preferiría decir, experiencia poética, con su rémora de moral —puesto que toda experiencia debe tener aquello que pidieron otros artistas y poetas: que cada obra contuviera, como un amuleto, ese trabajar denodadamente en el conocimiento de los propios límites —casi una “humilitas”.

 

De ahí esa continua vacilación, en la obra de Daniel García, que los títulos en inglés subrayan y los de nuestro idioma colman como para poner una plumilla faltante en la balanza del sentido: nobody (nadie), somebody (alguien), anybody (cualquiera). “Los puse en inglés, dice el artista,  porque así en todos ellos está presente la palabra body (cuerpo), cosa que no ocurre en castellano. Las relaciones (de ambigüedad y continua oscilación) entre cuerpo virtual y superficie de la pintura, entre el plano de la tela y el espesor de la pintura, entre el presente siempre actualizado de la imagen y el tiempo del proceso pintura son, como siempre, algunos de mis temas”.

 

Y me animo a sopesar esos tiempos: uno como el tiempo próximo al momento, al carpe diem o carpe noctem, a la posibilidad de explorar la dicha de antes de una caída, o caer en ella; el tiempo que debemos sostener a cada instante la presencia, y como aceite de una lámpara de sosiego procurar alimentarla en un íntimo ritual. Y el otro tiempo, cuyo proceso ya evoca una duración mayor: el de la obra en su intangible perennidad que muchos filósofos llamaron “el tiempo del culto”. Tiempos que a su modo magnifican el work in progress avasallante de la obra de García y que le permiten, como una licencia tácita pero veloz, la laberíntica diversidad de sus acciones: diferentes técnicas, casi diferentes estilos; diferentes maneras de concebir cada vez el objeto temático de sus muestras. Múltiples referencias (Whistler, Bacon, Munch, Strindberg, Vija Celmins y Thomas Ruff), aunque en cada una el deseo parece desplazar la precisión del objeto pintado —un “cuerpo” reclama en el oxímoron de su pose (me entrego/no me entrego) la presencia y la vivencia oblicua que corre con su piel casi calcárea hacia un cielo estrellado, hacia esa superficie de puntos luminosos y brumas estelares epidérmicas, ordenadas después en constelaciones que nos hablan secretamente de un cielo ya remoto y de un futuro desmedido.

 

La tarea esperanzada de las semejanzas en la obra de García, también es una red que ha de ser contemplada, dado que los dos tiempos que he señalado como tangentes de la obra, sostienen una retícula de sentido no menos valiosa y sensible: la “idea” o libro que Daniel García ilustra cada vez y su posición ante el lenguaje, se aproxima acaso al que elabora y redescubre con insistencia Magritte: “…como los otros lenguajes, el pictórico evoca si no ‘de hecho’, ‘por derecho’, el misterio”. Y que concluye: “…me preocupo en pintar (en la medida de lo posible), cuadros que evoquen el misterio con la precisión y el encanto necesarios para la vida del pensamiento. Y son imágenes de cosas familiares, reunidas y transformadas de modo que se interrumpa el acuerdo con nuestras ideas sabias o ingenuas.”

 

Ahora bien, ¿qué le faltaría a un cuadro de Daniel García para que su referencia real se pegara al misterio? ¿Qué hay en cada uno de sus cuadros sino una referencia directa a esas cualidades de nuestra existencia tan cercanas al misterio?

 

En una serie de notas acerca de su propia pintura, García nos acerca un comentario: que por medio de un software llamado Stellarium, pintó con exactitud un cielo de cien años atrás, otro del mes de noviembre actual y otro de aquí a cien años. De modo que es sólo el pensamiento de esas cifras, o la actitud de incertidumbre y emoción ante esas celestografías que evocan también un terrón de infancia, las que producen la condición de verosimilitud con que cada partícipe del cuadro volverá luego a su casa soñando, o meditando, o sonriendo.


Arturo Carrera

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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