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Paisajes Fabriles

Paisajes Fabriles

Martín Guerrero Andrés Blasina Florencia Cabeza

Del 18 de Abril al 30 de Mayo de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

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… cada una de estas piezas se abre un universo de vivencias, relaciones y preguntas que nos invitan a pensar sobre esos paisajes quizás no tan visibles pero absolutamente presentes.

El curador Rodrigo Alonso convocó en esta oportunidad a tres jóvenes artistas que trabajan desde diversos lenguajes, pequeñas historias fabriles que nos entrega el extenso territorio argentino en formato de fábricas recuperadas.

Como hace referencia el curador, “…Hasta hace no mucho tiempo, las fábricas eran espacios de valor casi exclusivamente económico.

 

Para referirse a ellas se utilizaban parámetros de productividad, actividad mercantil, solvencia financiera, beneficios bursátiles, es decir, los indicadores que la ubicaban en la macroestructura del mundo capitalista.

 

Poco importaba lo que ocurría dentro de ellas (…) La crisis de 2001, y en particular, el fenómeno de las fábricas recuperadas por sus trabajadores, construyeron una visión completamente diferente de ese paisaje fabril…”

 

De esta manera, podemos observar el trabajo de Martín Guerrero quien refuerza la materialidad de las máquinas y herramientas que transforman el trabajo de sus usuarios en una acción real sobre el mundo real.

Por otro lado, las  fotografías  de  Andrés  Blasina  forman  parte  de  una  investigación sobre  las  fábricas  recuperadas en  la Argentina, que destaca los precarios entornos laborales y las tareas cotidianas de sus ocupantes, mientras que Florencia  Cabeza  aborda  el  tema  a  través  de  registros,  documentos,  y  los  relatos  de  sus  protagonistas, penetrando en el entramado humano que subyace al fenómeno social.

TEXTO CURATORIAL

 
  • Lic. Rodrigo Alonso

Aunque sepamos de su extensión, la mayoría de los que vivimos en este país apenas hemos tenido la oportunidad de recorrer el dilatado territorio argentino. Somos conscientes de su variedad, riqueza, inmensidad y belleza, pero no siempre porque hayamos tenido la ocasión de constatarlo. Más bien, aquél se nos presenta como una suerte de región imprecisa conformada por imágenes, historias, experiencias, relatos, fantasías e informaciones, propias y ajenas, que dan dimensión a un paisaje imaginario que sabemos real incluso si no lo hemos visto.

 

De igual forma, nuestro país está compuesto por otros paisajes poco visibles, culturales, sociales, económicos, subjetivos. Territorios que dan consistencia y espesor a su realidad cotidiana, que configuran su fisionomía geopolítica, que sustentan su inmediatez e identidad; ámbitos donde se construyen afectos y materialidades, donde se generan arraigos, desplazamientos e intercambios, donde la vida fluye modelando con sus ritmos la masa comunitaria.

 

Hasta hace no mucho tiempo, las fábricas eran espacios de valor casi exclusivamente económico. Para referirse a ellas se utilizaban parámetros de productividad, actividad mercantil, solvencia financiera, beneficios bursátiles, es decir, los indicadores que la ubicaban en la macroestructura del mundo capitalista. Poco importaba lo que ocurría dentro de ellas.

 

La crisis de 2001, y en particular, el fenómeno de las fábricas recuperadas por sus trabajadores, construyeron una visión completamente diferente de ese paisaje fabril. Ante todo, lo hicieron visible como nunca antes lo había sido. De pronto, las empresas comenzaron a estar habitadas por personas con necesidades, realidades, voluntades, sueños y pensamientos muy específicos. Seres que además de producir rentabilidad, poseían ideas claras sobre el valor de su trabajo, un compromiso con su entorno y perspectivas precisas sobre su futuro y el de sus descendientes. Los conflictos internos, las luchas diarias, las pequeñas resistencias, dejaron de estar clausurados a la mirada y se volvieron materia de reflexión para el conjunto de la sociedad.

 

Los artistas reunidos en esta exposición se aproximan a su modo a esas microhistorias fabriles. Martín Guerrero lo hace reforzando la materialidad de máquinas, útiles y herramientas que transforman el trabajo de sus usuarios en una acción real sobre el mundo real. Las fotografías de Andrés Blasina forman parte de una investigación sobre las fábricas recuperadas en la Argentina, que destaca los precarios entornos laborales y las tareas cotidianas de sus ocupantes. Florencia Cabeza aborda el tema a través de registros, documentos, y los relatos de sus protagonistas, penetrando en el entramado humano que subyace al fenómeno social. En cada una de estas piezas se abre un universo de vivencias, relaciones y preguntas que nos invitan a pensar sobre esos paisajes quizás no tan visibles pero absolutamente presentes.

 

Rodrigo Alonso
 

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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