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Mar a Dom de 11 a 19 hs.

Paisaje Urbano

Muestra colectiva

Del 10 de Septiembre al 25 de Noviembre de 2003  - Entrada: libre y gratuita

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Por concurridas o desoladas calles va el pintor, con encuentros y desencuentros, con alborozo o zozobra. Imágenes no siempre amables ni necesariamente ásperas suscitan la alegría de hacer. El ojo que no descansa interroga al muro y a lo que está detrás; paredes ciegas y mudas; los rascacielos, prismas que mezclan el vértigo con las nubes que a la vez incitan y retacean. Un universo mayor que la ciudad del hombre y su arquitectura: el alma de un pueblo y el destino fatal en el clamoroso silencio y el tenue eco de la obra.

El Pabellón de las Bellas Artes de la UCA presenta esta muestra Paisaje urbano con orgullo por la cantidad y calidad de las obras. Reiteramos nuestra gratitud hacia los amigos coleccionistas que con su generosidad hicieron posible su realización.

Lic. Cecilia Cavanagh , Directora del Pabellón de las Bellas Artes / 2003


Los temas tradicionales de la pintura experimentaron un efímero eclipse y radicales transformaciones a partir del surgimiento de las vanguardias en el inicio del siglo XX. La muestra Paisaje urbano que se inaugurará en el Pabellón de las Bellas Artes da cuenta de la respuesta que los artistas argentinos dieron al desafío de recrear un género secular en términos de estética moderna.

El paisaje urbano no puede apelar a la visión bucólica ni a los encantos de la naturaleza que pudieron retener los impresionistas franceses y vernáculos. Sin embargo el apunte del natural y la división del color de la escuela impresionista se prolongó en la pintura argentina hasta bien avanzado el siglo pasado. En la versión de los macchiaioli (manchistas ) italianos incidió fundamentalmente en los maestros de La Boca.

Con las obras de Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Eugenio Daneri, José Desiderio Rosso, Miguel Carlos Victorica, Horacio March, Marcos Tiglio y Onofrio Pacenza los pintores de la Ribera fijaron una marca indeleble. Desde los arrabales de Barracas y La Boca ellos dieron identidad argentina a la pertenencia barrial. Y en el doble ejercicio del arte y la afirmación del pago chico sentaron un precedente que ignoraron sus colegas del centro.

Este marco geográfico determina el carácter intimista que imprimieron a un tema que por definición es público, compartido y anónimo.

Lejos de las grandes perspectivas urbanas y de la retórica formal de los edificios emblemáticos estas visiones de los extramuros de Buenos Aires suponen una caminata solitaria por rincones humildes, sin bullicio, sin habitantes aparentes.

En cierto modo el paisaje urbano sirvió de ejercicio plástico. Es decir de campo de ensayo para la superación del realismo academicista y de experimentación de las nuevas tendencias llegadas de ultramar.

Pero la renovación del tema no se limitó a la indagación pictórica de Buenos Aires. En la muestra del Pabellón de las Bellas Artes alterna con las versiones que nuestros artistas dieron de Córdoba, San Juan, Venecia, Brujas o Nueva York. Y es Rómulo Macció quien en el siglo XXI vuelve al tema boquense y afronta Nueva York a pura pintura y con similar tratamiento afantasmado.

Italiano y argentino por igual Aquiles Badi aporta una visión nueva de Venecia. Evita la tradición prestigiosa, la complicidad de la atmósfera única y las rutinas de la postal. Para Badii cuenta la estructuración sólida de la composición, la paleta clara sin acentos de pincelada y consigue plasmar una imagen dinámica y no exenta de humor de la ribera del Gran Canal.

A modo de contrapunto otro ítalo argentino, Ernesto Farina hace alianza entre los dos mundos. Su Córdoba natal está transfigurada desde la humilde terraza desde la que se divisan cúpulas y campanarios pero la sutileza del color, casi líquido, remite a sus años de formación en Italia.

Con pocas excepciones la figura humana está ausente de esta selección de paisajes urbanos. Las obras de Francisco Travieso las incluyen como observadores del paisaje exterior. Es una interesante actualización del tema del flâneur impuesto por los impresionsitas. Aquí el observador está fijo y es su mirada la que deambula ,oteando la ciudad.

Un filósofo ginebrino advirtió que el paisaje es un estado del alma.
La observación Enrique Federico Amiel se cumple en estas visiones urbanas de los pintores argentinos. Insólitamente atormentadas en Marcos Tiglio y Lino Enea Spilimbergo, sosegadas en Russo, metafísicas en Roberto Aizenberg, cándidas y entrañables en Rosso, plenas en Guttero, escenográficas en Héctor Basaldúa, idealizadas en Raúl Soldi..

La diversidad cronológica y la diversidad de personalidades y estilos impuso un reto que Cecilia Cavanagh, curadora de la muestra, salvó con obras de calidad museística. La totalidad de las obras pertenecen a colecciones privadas y en su conjunto ofrecen un panorama singular del aporte de nuestros artistas a un tema secular pasible de ser vertido con lenguaje plástico contemporáneo.

Elba Pérez /2003

 
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