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Noé. Siglo XXI

Noé. Siglo XXI

Luis Felipe Noé

Del 21 de Octubre de 2014 al 01 de Febrero de 2015 - Inaugura: 19hs  - Entrada: $50 | jub, est, doc. $25 | Miércoles $25, sin carg

 
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En el marco del ciclo de exposiciones temporales del 2014, y como cierre de este año, la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat presenta a partir del 22 de octubre de 2014 la muestra Noé. S XXI.

La exposición reúne un conjunto de obras producidas por este destacado artista en las primeras décadas del S XXI, especialmente seleccionadas por el curador Rodrigo Alonso. La muestra propone una mirada sobre la presencia vital de Luis Felipe Noé en al contexto contemporáneo, tanto como protagonista y como referente.

La exhibición, escribe Rodrigo Alonso, "está dedicada al trabajo de los últimos años; por fuerza, el menos estudiado de su carrera. Una rápida mirada es suficiente para verificar que entre esas obras famosas de la Serie Federal (1961) o las realizadas en el contexto de la Nueva Figuración (1961-1965), y las actuales, ha habido un desarrollo formal y conceptual tan sustancial que se hace necesario repensar la totalidad de su labor. Aunque ésta vuelve cada tanto a mirar hacia los orígenes, e incluso cuando muchas de las preocupaciones que la animan no han mutado demasiado a lo largo del tiempo, lo cierto es que no es posible abordar su producción actual si no se la piensa desde el contexto que le corresponde, que es el del momento, la cultura, el mundo y el país en los cuales vivimos hoy".

A través de su larga y prolifera trayectoria, Noé se ha posicionado como una de los artistas más importantes de la escena local, cuya producción se nos presenta como única y siempre vigente.

TEXTO CURATORIAL

 
  • Lic. Rodrigo Alonso

La obra de Luis Felipe Noé ha atravesado cinco décadas con una vitalidad sorprendente. Desde su primera aparición a finales de los cincuenta hasta la actualidad, sus temas han cambiado, sus materiales han cambiado, sus resoluciones formales han cambiado, pero no ha dejado de sumar su voz a la arena polifónica del arte argentino. Bien por el contrario, Noé ha sido y sigue siendo un protagonista en este terreno. Sus pinturas, sus escritos, su labor docente, su mirada curatorial, su presencia permanente en las exposiciones, lo ha vuelto una figura insoslayable.

 

La exhibición que se presenta en la Colección Fortabat está dedicada al trabajo de los últimos años; por fuerza, el menos estudiado de su carrera. Una rápida mirada es suficiente para verificar que entre esas obras famosas de la Serie Federal (1961) o las realizadas en el contexto de la Nueva Figuración (1961-1965), y las actuales, ha habido un desarrollo formal y conceptual tan sustancial que se hace necesario repensar la totalidad de su labor. Aunque ésta vuelve cada tanto a mirar hacia los orígenes, e incluso cuando muchas de las preocupaciones que la animan no han mutado demasiado a lo largo del tiempo, lo cierto es que no es posible abordar su producción actual si no se la piensa desde el contexto que le corresponde, que es el del momento, la cultura, el mundo y el país en los cuales vivimos hoy.

 

En los comienzos mismos del siglo veintiuno, Luis Felipe Noé presenta una obra audaz en el marco de la I Bienal Internacional de Arte de Buenos Aires, organizada por Jorge Glusberg en el Museo  Nacional  de  Bellas  Artes.  Reflexiones  con  texto  y  fuera  de  contexto  (2000)  es  una instalación de gran formato, compuesta por numerosos bastidores pintados en colores vibrantes, atados entre sí, formando una estructura tridimensional en el espacio, y telas también pintadas pero que se desentienden de los soportes que deberían contenerlas. El conjunto se completa con textos, una paleta de pintor, una de las superficies metálicas espejadas con las que Noé realizó investigaciones ópticas en los años sesenta, algunos de sus personajes habituales y otras referencias a su producción anterior.

 

El resultado es una pieza compleja, dislocada, reflexiva, que juega con los límites de la práctica pictórica pero sin abandonarla. De hecho, podría decirse que esto la separa de otras instalaciones similares que el artista realiza hacia mediados de los sesenta, como Introducción al desmadre (1964), que prologan la etapa en la cual Noé abandona momentáneamente la pintura. Si en aquel momento la desestructuración del cuadro es el resultado de una crisis, el desplazamiento hacia sus límites es hoy, aunque parezca paradójico, una afirmación de sus posibilidades.

 

Reflexiones con texto y fuera de contexto es una obra-bisagra que cabalga entre dos milenios, pero también es una suerte de obra-trampolín que otorga un nuevo impulso a la producción del artista. En los años siguientes, se multiplican las telas, las meditaciones sobre la práctica artística, el placer de pintar. En unas conversaciones con Horario Zabala, Noé se declara pintor y además optimista: “en tiempos de escepticismo y desconcierto, veo, sin embargo, con relativo optimismo el futuro artístico. Y este nace  –  paradójicamente –  de las propias dificultades. Por una  parte, sobrecarga de estímulos visuales, de desafíos tecnológicos, de crisis de la función simbólica en un mundo plurivalente y multisígnico, con un striptease finalizado y todas las ropas culturales que adornaron el pasado tiradas por el piso.

 

Por otra parte, cada vez más gente que reclama su lugar en  el  mundo  del  arte,  con  cantidades  enormes  de  productores como  consecuencia de  una democratización de los lenguajes que desafían todos los sistemas institucionales de la cultura artística [...] ¿Cómo no ser optimista si se trata de sobreabundancia de posibilidades humanas y de desafíos, pero también, de potencialidades y caminos abiertos?”.1

 

Sin embargo, el siglo comienza para la Argentina con una de las crisis más importantes de toda su historia. Y para un pintor tan imbricado en la realidad nacional como Luis Felipe Noé, la situación no podía pasar inadvertida. En medio de los conflictos produce Argentina 2001. Estado de zozobra (2001), una  tela poblada  por personajes meditativos, quebrada cromáticamente en un sector superior colorido y uno inferior donde domina el negro.

 

A pesar del quiebre, no hay aquí ni el contraste ni el vértigo de otras obras; hay más bien una especie de serenidad expectante, una energía aplacada. En ¿Hasta cuándo? (2002), unos rojos intensos  generan una espacialidad vibrante pero el énfasis recae en un conjunto de rostros que se desprenden de ella. En ambas piezas se percibe un cierto protagonismo de lo humano, que surge con dificultad de unos entornos densos y complejos. En cambio, en Racatapatán (2002), las cabezas se apiñan dando vida a una multitud informe, atrapada en unos flujos que las conducen hacia un destino incierto.

 

El tejido social (2004) es una obra casi abstracta, de una paleta exquisita. Azules, rosas, naranjas, violetas, rojos, verdes, negros, construyen un entramado de enorme potencia visual, surcado por líneas blancas, de las cuales se desprenden algunos personajes furtivos. La referencia a lo social en el título agrega una cuota más de misterio a una pieza de por sí enigmática y sugerente.

 

Con C.A.O.S. Sociedad Anónima (2003) reaparece un tema central y recurrente en la obra de Luis Felipe Noé; un tema que lo acompaña desde los años sesenta, cuando propone que el artista debe “asumir el caos” si quiere abordar la complejidad de las sociedades contemporáneas. “Estamos en
una sociedad carente de orden pero nostálgica de él – sostiene desde las páginas de Antiestética (1965) –. Sin embargo, se puede hablar de ella como un todo orgánico. Orden y orgánico ya no son términos equivalentes como siempre lo fueron. La sociedad actual es un organismo societario carente de un orden, de un orden de acuerdo a nuestra idea anterior de orden. Lo único que tiene como real es el caos […] El caos, el desorden, es en realidad un orden que no entendemos. Es un orden haciéndose, un orden abierto. De eso justamente se trata al hablar de asumir el caos. Es entender una idea de unidad y una idea de orden que no es la idea de unidad ni la idea de orden que tenemos”.2  Pero con el título de esta nueva obra pareciera referirse a un caos institucionalizado, corporativo, estructural, y no ya a ese espacio de posibilidades abiertas que permitía vislumbrar una forma diferente de organicidad social.

 

Una última obra de este período plasma la desazón de los años más difíciles inmediatamente posteriores a la crisis de 2001 – no porque no vuelva a aparecer el tema ni sus consecuencias anímicas, sino porque a partir de 2004 otras preocupaciones cobran protagonismo en el trabajo de
Noé. Ante una difícil situación (2003) es, al mismo tiempo, una síntesis de esta época y un
homenaje a su querido amigo, el poeta Aldo Pellegrini. La extensa tela reproduce los versos del poema homónimo de Pellegrini sobre un paisaje amplio de tonalidades sutiles, puntuado por la aparición secuencial de unos personajes que acompañan el desarrollo de las estrofas. La final, adquiere una resonancia singular en estos momentos todavía duros:

 

“Y no es fácil llegar hasta sí mismo en un país agitado por el vértigo de los otros
órbita azul con manos y despojos y la fosforencia del vacío en la frente
de nuevo el avance irresistible de los olvidados y de los rechazados
órbita azul con manos suplicantes y los despojos del hombre perseguido.”

 

De visita en este mundo (2004) es una amplia pieza de más de cuatro metros de longitud realizada sobre papel. En su centro, el rostro de Noé gobierna la abigarrada composición, constituida por una  profusión  de  líneas  y  figuras  que  generan  un  dinamismo intenso  y  multidireccional. La superficie se torna un campo de batalla formal en el cual figuración y abstracción conviven, ora en un delicado equilibro, ora de manera problemática. Este procedimiento llega al límite en Estamos en el siglo XXI (2004). Aquí, la totalidad del dibujo ha sido cooptada por este denso tejido lineal, con colores que se desplazan como ríos y figuras en blanco y negro arrastradas por la corriente. El resultado es vibrante, vertiginoso, y genera una variedad de niveles de lectura de acuerdo con la lejanía o cercanía del público frente a la obra.

 

En los años siguientes, el artista continúa explorando esta dirección estética. En un texto inédito fechado en 2007, expresa sus intenciones con estas palabras: “Las características de esta etapa son: nuevamente la referencia al plano como soporte de la obra, la orquestación abstracta de ésta, más allá de múltiples referencias figurativas, y la valoración de la relación entre la línea y el color para determinar un ritmo envolvente. Estoy interesado en superar el límite entre dibujo y pintura”. Y agrega: “El supuesto de base de la obra puede ser papel, tela, madera o también una impresión digital. El concepto de pintura creo que debe entenderse en el mundo actual como el arte de la imagen (en tanto cosmovisión del mundo) más allá del método que se utilice para lograrla.

 

Pero mi forma de entenderme con ella sigue siendo manual. Esto lo digo porque, tal vez, una constante preocupación que me acompaña en mi viaje es el límite de la pintura como medio idóneo para reflejar el mundo de hoy, o sea, el de lograr una imago mundi actual. Creo que así como el arte digital no refleja de por sí al mundo en red, la pintura-pintura tampoco está condenada a no poder lograrlo”.3

 

De forma paralela a esta exploración estética, las obras comienzan a hacer énfasis en estados como el desconcierto y la incertidumbre. ¡Eh! Winckelmann, ¿dónde están los dioses griegos? (2004), Todo se mueve demasiado rápido (2005), ¿De qué se trata? (2006), ¿Te acordás cuando los hombres caminaban sobre la tierra y  había  perspectiva? (2006), son ejemplares en este sentido. Esta vacilación se presenta visualmente en composiciones centrífugas que relativizan la fuerza del centro organizador, al que el artista no renuncia. Este mismo estado se expresa a veces a través de la ironía. Es el caso de El estricto orden de las cosas (2006), un excelente trabajo realizado con fragmentos de papel que conforman una unidad de límites irregulares, compleja y heterogénea, contenida en un marco recortado que no cercena, no obstante, su fabulosa potencia expansiva.

 

La  necesidad  de  romper  con  la  ortogonalidad del  plano  pictórico  comienza  a  aparecer  con frecuencia. A veces mediante el recurso a otros formatos más o menos tradicionales, como el rombo (WWW, 2007) o el tondo (Las vueltas de la vida, 2008). Pero otras veces, es la propia composición la que impone la irregular geometría de sus bordes, en obras como Frenesí (2010) o Seamos correctos (2011). En Interferencias (2009), la pintura estalla en una miríada de microunidades interrelacionadas que se organizan sobre el campo vectorial de la pared. Este programa se repite, pero a escala monumental, en una de las piezas realizadas para la 53º Bienal Internacional de Arte de Venecia, Nos estamos entendiendo (2009), constituida por quince elementos que conforman una suerte de constelación sobre el muro a partir de un fragmento central que se asemeja a un remolino.

 

El envío a la Bienal de Venecia se completa con otra propuesta de grandes dimensiones que adquiere las proporciones de un mural portante: La estática velocidad (2009). Aquí, el procedimiento del dibujo-pintura abstracto-figurativo se desenvuelve en todo su esplendor, dando vida a una obra desafiante, de características únicas. Sus once metros de largo portan caravanas de pequeños personajes que se distribuyen en un paisaje lineal en flujo continuo, partido en un sector blanco y negro y otro de colores brillantes, fluorescentes, que aportan una luminosidad viva. Su título es un oxímoron, figura literaria que presenta un atractivo especial para el artista en estos años, y se repite luego en varias obras más.

 

La crisis europea que se  hace cada vez más visible hacia 2010  deja su huella en algunas producciones recientes. CRAC (2011) y Precaria estabilidad (2011) remiten al conflicto lejano pero cercano en una economía política cada vez más interdependiente en todo el planeta. Hay en ellas algunos toques de  reminiscencias cubistas, aunque con un cromatismo muy contemporáneo, centrado en colores como amarillo, cian, verde manzana y magenta. Si bien formalmente distinto, Lección de macroeconomía (2012) refuerza las inquietudes por la difícil situación global que se torna cada vez más insoslayable. Sin embargo, en los últimos años, se manifiestan otras señales. Obras  como  Incertidumbre  resuelta  (2011),  Vida  (2012)  o  Avanzando  entre  dudas  (2014) parecieran plantear una actitud diferente, promisoria y de cara al porvenir.

 

De manera paralela, Noé produce piezas en conjunto con otros artistas, retomando el espíritu que lo llevó a presentar Noé + experiencias colectivas (1965) en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Una de sus colaboraciones más constantes es la que lleva adelante con Eduardo Stupía, compañero del proyecto curatorial La línea piensa en el Centro Cultural Borges, con quien realiza dos exposiciones: Dos no hacen uno (2006) y ¡Me arruinaste el dibujo! (2011). Así explica este último la dinámica de trabajo: “Como en una suerte de partido de pingpong, cada uno lanza ideas gráficas en la cancha del otro y espera la devolución para volver a responder con el tiro más inesperado, y así sucesivamente. Y si bien no se trata de hacerle perder pie al «contrincante», tampoco es cuestión de hacérsela fácil. De allí la ironía de un título que, lejos de ser una broma, es fiel a la tensa dinámica de una batalla gráfica donde cada uno debe saber cuándo retirarse para que el otro se haga presente”.4 En 2013, Noé realiza un conjunto de obras en colaboración con sus hijos Paula y Gaspar, que presenta en una exposición en la Galería Rubbers que lleva por título Noé 3D,  y al año siguiente prepara una pieza con una  de sus fieles colaboradoras, Cecilia Ivanchevich.

 

El homenaje que le realiza la feria arteBA 2014 se convierte en la ocasión para presentar en sociedad la instalación Oxímoron (2014), un trabajo conformado por formas fragmentarias y figuras superpuestas en una disposición muy diferente a la de sus instalaciones previas. Aquí ya no hay conflicto con el medio pictórico y sus elementos, sino una investigación sobre el espacio, las imágenes, el color y las formas desplegados en la tridimensión. El proyecto se continúa en otro mucho  más  ambicioso (Coherente oxímoron,  2014),  de  dimensiones  arquitecturales, vasto  y complejo, que  se  presentará en  las  salas  de  la  Colección Fortabat  por  primera  vez,  y  que constituye la declaración plástica más reciente de un artista único, incansable y vital.

 

Rodrigo Alonso

 

ACTIVIDADES

 

MIERCOLES 3 de DICIEMBRE 19hs
Encuentro con Luis Felipe Noé y Rodrigo Alonso, curador de la muestra.
INVITACION / Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat
http://www.arsomnibus.com.ar/arsoblog/?p=5154

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus