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Moradas

Cristina Rochaix Andrea Szatmary

Del 26 de Octubre al 23 de Noviembre de 2018 - Inaugura: 19.30hs  - Entrada: libre y gratuita

 
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Nora Arrechea, curadora.

Andrea Szatmary y Cristina Rochaix plantean sus obras desde la profunda relación que cada una entabla con los

elementos fundamentales y fundacionales del acto de pintar. Así el trabajo del color, sus matices, superposiciones y

transparencias van formateando contornos y superficies de objetos y territorios conocidos y algunos apenas

insinuados que nos remiten a otros vagamente intuidos.

Hace unos meses fui invitada a colaborar en la curaduría de la exhibición de estas dos artistas, que sería la última del

año en Casa Matienzo.

Sus trabajos ofrecían imágenes que tenían un diálogo que sería fructífero y atractivo. Había, sin embargo, una

situación que resultaba inédita para nosotras en este proyecto; una de las artistas, Andrea Szatmary, reside en París y

por lo tanto el contacto con ella sería virtual hasta su llegada a Buenos Aires, con las obras, unos días antes del

montaje. Mientras, Cristina Rochaix la otra artista elegida, trabajaba en su taller de Villa Crespo terminando algunos

de sus cuadros para la exposición. Esta situación generó un desafío y un modo de habitar la producción de esta

muestra muy al estilo de la comunicación en el siglo XXI:

Los “espacios de encuentros” se generaron a través de: Un Drive, donde se subían, se elegían y se descartaban

imágenes y videos.

Un chat de WhatsApp, en el que iban y venían comentarios, ocurrencias y pensamientos en voz alta mezclados con

llamadas que nos sorprendían a unas y a otras en horarios dispares.

Y el viejo “tenés un Email”, que explicitaba y ampliaba la inmediatez de las otras comunicaciones generando

reflexiones duraderas y elecciones consensuadas entre las cuatro.

Este proceso gestó un lazo fluido de comunicación y creó el lugar para plantear afinidades y diferencias, un fluido

trabajo en equipo. Una Morada de palabras sensibles y respetuosas.

Nos sorprendieron algunos cruces en el derrotero de estas artistas; ambas habían expuesto en la Galería Argentina en

Paris, realizando videos en ese espacio, en los cuales daban cuenta de su obra y también habían participado en

entrevistas con Jordi Batàlle para la radio francesa (RFI). A pesar de estas coincidencias no se conocían y el destino

las reúne, en Casa Matienzo, Morada que las recibe en Buenos Aires.

Desde sus talleres Cristina y Andrea, intercambiaron charlas sobre sus obras, técnicas y contenidos de las mismas en

una intimidad casual. Nosotras, las curadoras, diagramamos montajes posibles y la organización de la exhibición.

Las obras de Andrea nos remiten más claramente a objetos cotidianos llenos de ausencia. Sillas vacías, colchones

anónimos, bañeras silenciosas; ¿objetos olvidados que han sido habitados alguna vez? o ¿acaso aguardan la

esperanza de volver a serlo? Objetos que se precipitan en abismos que intuimos infinitos de oscuridad. Prendas en

disolución. Buzos de pliegues desordenados conservan su color y materializan la textura de lo que fueron. El vestido de novia suspendido en el espacio ¿aguarda la esperanza de ser usado? o ¿ha sido abandonado en un acto de

desamor?

Encuadres particulares. Objetos que huyen o irrumpen en las telas de manera azarosa. Los amplios fondos se

convierten en los otros protagonistas del cuadro a partir del manejo del color y las transparencias. La artista nos

interpela, nos alienta a invenciones personales en torno a los sentidos de sus pinturas. Nos invita a bajar la velocidad,

a detenernos para sentir la ausencia, el desarraigo. Un instante de abandono, en otras palabras:

Moradas a descubrir.

En las obras de Cristina, la geometría de sus Solidos es clara, pero van acompañados de entornos inestables de

texturas y de color. Sus reflejos tiemblan en los distintos soportes, tela o papel, que la mano de la artista convierte en

un espacio donde todo flota. Sus Paisajes orgánicos son como collages que se ensamblan en las telas. Las formas

juegan, se atraen y el conjunto forma un entramado potente de colorido intenso y armónico. Geometrías que se

dulcifican con pasajes de tonos y la sinuosidad de las líneas. La artista tiene la habilidad de moverse cómodamente y

con destreza entre los distintos formatos y técnicas, a veces precisos como en los Movius y otras más etéreos como

en los lagos con reminiscencias Art Nouveau o en sus paisajes de tamaños más pequeños.

En las obras de gran formato, el color y el trazo definido se imponen con fuerza al espectador que se pierde en sus

laberintos. La imagen ocupa el espacio total de la superficie de la tela sin vacíos y sin marco. Todo es pintura. Todo es

vagar la mirada para descubrir simetrías disimiles, en otras palabras:

Moradas para recorrer.

Las imaginamos pintando, solitarias en sus talleres, con el pensamiento concentrado y la mano precisa.

El resultado son estas pinturas, que son sus producciones, pero también sus moradas.

¿Dónde encontraríamos a Cristina Rochaix y a Andrea Szatmary sino allí?

Nora Arrechea.

ACTIVIDADES

 

En el marco de la exposición se realizaran dos talleres gratuitos para chicxs de primaria y se ha invitado a  la escuela pública Scalabrini Ortiz n° 9 de la comuna 13, escuela vecina de Casa Matienzo. El taller titulado PIEDRA LIBRE, es un ejercicio para aprender a descubrir pistas en las pintura y será coordinado por ambas artistas participantes el dia lunes 29 de octubre.

 
 
Acompañan:
-Bodega Dante Robino
-Fondo de Desarrollo Cultural y Creativo del Ministerio de Cultura de la Nación  
-Quesos Fermier
 
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
ars omnibus auspician Buenos Aires Gobierno de la ciudad Ley de mecenazgo Itau Cultural Satelital Artebus