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Luis María Drago 236 [mapa]
Mie a Dom desde 20 hs.

Mi porno

Diego Beyró

Del 10 de Julio al 29 de Julio de 2012 - Inaugura: 20hs  - Entrada: libre y gratuita

 
 
 

Diego Beyró presentará una instalación e impresiones digitales en pequeño y gran formato.

TEXTO CURATORIAL

 

Si  en los westerns las cabalgadas estuviesen prohibidas, los westerns clandestinos estarían hechos únicamente de cabalgadas. Los films eróticos son westerns de los que se ha eliminado todo contexto para no conservar más que las cabalgadas”

Kyrou, Ado. “D’un certain  cinéma clandestin”, Positif, junio-agosto 1964.  Nº 61-62-63
 
“El secreto es la humedad. Sin humedad es imposible. El sexo y la pornografía dependen del grado de humedad. Yo en un momento empecé a medir todo en húmedo, en seco y en sus variantes. Una mujer húmeda, una mujer seca, un hombre húmedo, un hombre seco, una manera de escribir húmeda, un ambiente seco. Ni pan ni circo. Sexo gratuito. No sexo con ideología. Eso no. Gratuito. El sexo por el sexo mismo. Con eso se domina el mundo y para eso se necesita que la cosa esté lubricada. La lubricación es la clave”
Terranova, Juan. El pornógrafo.
 
 
Todos tenemos una pornografía. Real o ficticia. Adecuada para nosotros. Incluso los detractores del género pornográfico y aquellos que dicen no interesarse. Y siempre es utilitaria.
 
Puede que nuestro primer acercamiento a lo pornográfico se remonte a un recuerdo grupal allá a lo lejos en el tiempo y de forma clandestina. El hacerse de la revista o el VHS (cuando no formaban parte de la herencia familiar), incluían la yapa de la expedición inolvidable.
Los adolescentes de los noventa nos reuníamos frente al televisor tratando de adivinar
qué era lo que estaba pasando detrás de esas rayas del por entonces codificado Venus. Y cada tanto la pantalla nos regalaba algún que otro fogonazo de penetración, como para contentar a la manada.
 
Pero la verdad es que nos perfeccionamos en soledad, en la esfera de lo doméstico y sedentario. Y con la llegada de Internet, nuestra experiencia pornográfica cambia por completo. Se habilita la canilla libre. El espectro de ficciones se volvió infinito. Basta con hacer click.
 
La experiencia pornográfica nos pide compromiso. Que nos impliquemos con todo nuestro arsenal de lujuria. No se entra a la ceremonia a medias, a desgano. Puede que ingresemos para combatir el aburrimiento pero una vez adentro, lo pornográfico no admite el tedio.
A partir de que tomamos la decisión, nos volvemos determinantes y absolutos mientras la hacemos durar. Sabemos lo que queremos y hacia dónde vamos. Habilitamos el modo safe y nos vamos de tour o recurrimos a nuestros propios caballitos de batalla, los que hace tiempo alojamos en nuestro disco rígido, los viejos conocidos que seguro resultan. Miramos los destacados y buscamos lo que nos tienta. Lo único que importa es encontrar ese segundo de video con el que queremos coincidir.
Temblamos.
Suspiramos. Hacemos quit.
Ya no queremos saber nada con ese otro. Porque ver pornografía puede resultar fácil, pero verse viendo porno, es más complicado.
Mi porno de Diego Beyró es el resultado de lo que ocurre a posteriori. De cómo el hábito (el de la autosatisfacción pero también el del collector) se recicla y puede devenir obra y simulacro.
 
¿Qué queda de esa experiencia privada e incomunicable, fuente de gratificación hedonista?
 
Mi porno efectivamente termina siendo sólo el porno de Beyró. Parafraseando al Barthes de Mitologías, ninguna ley, natural o no, impide apropiarnos de las cosas. En esta serie, el efecto de esa apropiación, nos devuelve identidades y contextos borrados. Diego repite la operación del género que les dio vida. Y en un acto mezquino, habrá algo que sólo quedará para él.
 
Cualquier  intento  por  describir  la  relación  afectiva  de  un  artista  con  su  archivo pornográfico está destinado al fracaso.
 
Heather Brooke es una silueta de color brillante.
 
 
Silvina Pirraglia. Nuñez, Julio 2012.
 
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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