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Mar a Dom de 12 a 20 hs.

Marcelo Pombo, un artista del pueblo. Marcelo Pombo.

Marcelo Pombo, un artista del pueblo

Marcelo Pombo

Del 27 de Mayo al 16 de Agosto de 2015 - Inaugura: 19hs  - Entrada: $ 50.- Mie, est, jub y docentes $ 25.-

 
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Curadora: Inés Katzenstein

Esta exhibición reúne un conjunto de obras del artista seleccionadas por la curadora Inés Katzenstein desde sus inicios en la década del 80 hasta la actualidad. La producción de Marcelo Pombo es recorrida a través de siete núcleos basados en los distintos lenguajes que el artista adoptó en su carrera.
 
Dice la curadora sobre el artista, "El programa que viene desarrollando Marcelo Pombo desde mediados de la década de 1980, cuando empezó a exponer en el Centro Cultural Ricardo Rojas, propone una comunión estética y emocional con los procedimientos, lenguajes y materiales de las llamadas "artes menores" y de los grupos sociales que están más devaluados en las jerarquías sociales y estéticas.
 
Las mujeres y sus técnicas de bricolaje, los niños y niñas alienados por la seducción de la publicidad, los pobres y sus ilusiones, los artesanos y sus obsesiones, los jóvenes rebeldes y sus fetiches, y los artistas conservadores o provincianos han sido las comunidades con las que Pombo eligió identificarse y establecer alianzas, y que fueron configurando tanto su lenguaje artístico como su política.
 
Y son estas alianzas las que han transformado a Pombo en lo que aquí denominamos "un artista del pueblo", entendiendo al "pueblo" no en su acepción heroica (pueblo masculino, trabajador y militante), sino como un pueblo femenino o infantil, sin representación pública y sin horizonte de cambio o emancipación."
 
La exposición incluye, además, obras de artistas invitados que participaron de un mismo grupo de intereses con Pombo: Benito Laren, Fernanda Laguna, Alfredo Londaibere, Miguel Harte, Jorge Gumier Maier, Pablo Suárez, Alberto Goldenstein y Omar Schiliro.
 
Para la exhibición se editó un catálogo con textos de Inés Katzenstein, Mariana Cerviño, Claudio Iglesias, Marcelo Pombo y Florencia Qualina.

 

TEXTO CURATORIAL

 

Marcelo Pombo, un artista del pueblo
Inés Katzenstein

Fragmento del texto curatorial del catálogo

En la obra de Marcelo Pombo funciona, primero, la seducción; la sorpresa de una visualidad fulgurante. Pero, a la vez, aparece siempre una dificultad, una paradoja; pensándolo bien, allí nada es enteramente lo que parece. Aquí, como ejemplos, tres movimientos fundamentales en la obra de este artista: durante casi una década, Pombo adoptó la misión de “resacralizar el arte”, pero la puso en práctica usando códigos bajos, de las llamadas artes menores; cuando emprendió procedimientos de apropiación típicos del arte conceptual, lo hizo confundiéndolos, rebajándolos a través de procedimientos artesanales y decorativos; cada vez que se entregó a la imaginería de los desdichados, fue para instaurar una nueva y provocativa imagen de lo precioso y hasta de lo feliz. Por esto mismo, entonces, por toda esta deliberada complejidad puesta en funcionamiento en sus decisiones artísticas más relevantes, su obra es tan difícil de categorizar; ha generado malentendidos una y otra vez y ha quedado asociada a una suerte de nuevo esteticismo cuando en realidad encarna, como veremos, lo contrario al ensimismamiento, y por esto mismo, no podemos pensar a Pombo por fuera de una discusión eminentemente política.

Veremos cómo, en primer lugar, las paradojas en Pombo son en sí mismas máquinas críticas; fuerzas que actúan para sacudir los clichés hacia un lado y hacia el otro. Lo bello gestará monstruosidades, lo barroco será discreto, lo político será confuso y caprichoso, la sofisticación se fundirá con la candidez. Todo se encuentra en una situación de fricción, lo cual tiende a frustrar las percepciones facilistas. “Si uno usa la vieja acepción de la palabra ‘perversión’, darle a algo un fin distinto del normal, uno podría decir que la obra de Marcelo es perversa”, sostiene el curador y artista Jorge Gumier Maier, gran conocedor de la producción de este artista.

 

Eso es, creo, lo que pasa con muchos de sus elementos: tienen originalmente un destino distinto al que él les da. ¿Te muestra algo lindo o feo? ¿Algo seductor o vomitivo? Marcelo es capaz de descubrir en lo abyecto algo casi sacro y en lo estéticamente irrecuperable algo encantador. Sus cuadros más abstractos y mainstream terminan siendo siempre otra cosa. Lo decorativo entra en una hipérbole que lo transforma en lo contrario, como en las cajitas de Cepita: algunas tienen apenas unos flequitos –los elementos decorativos son demasiado escasos–, y en otras son demasiado excesivos. Esa elasticidad de los márgenes es la gran provocación de Pombo, además de cómo trastoca las jerarquías, como cuando ostenta de idéntica manera una caja común y corriente de Bayaspirinas y una de perfume francés. Creo que su punto es provocar la incomodidad del espectador.

 

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Inés Katzenstein
recibió una maestría del Center for Curatorial Studies, Bard College, New York (2001), donde estudió gracias a una beca de la Fundación Antorchas y el Fondo Nacional de las Artes. Escribió extensamente sobre arte contemporáneo y curó exposiciones como “Liliana Porter: Fotografía y ficción” (Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2003), “David Lamelas, Extranjero, Foreigner, Ètranger, Aüslander” (Museo Rufino Tamayo, Mexico, 2005), y co-curó “Televisión, El Di Tella y un episodio en la vida de la TV” (Espacio Telefónica, 2010), y “Aquella mañana”(Parque de la memoria, 2013). Fue curadora del pabellón argentino en la 52 Bienal de Venecia, donde presentó el proyecto “Guillermo Kuitca, si yo fuera el invierno mismo”. Fue también co-curadora de Zona Franca, Bienal de MERCOSUR, 2007.

Entre otros libros, editó Listen, Here, Now! Argentine Art of the Sixties: Writings of the Avant-Garde, The Museum of Modern Art, New York, 2004, traducido al castellano y publicado por MoMA en conjunción con Fundación Espigas y Fundación Proa (2007).

Fue premiada por la Asociación Argentina de Críticos de Arte en 1997 y 2006 por un ensayo sobre Pablo Siquier y una entrevista a Marcelo Pombo, respectivamente.

De 2004 a 2008 se desempeñó como curadora en Malba-Fundación Costantini, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, donde entre otros proyectos de programación, desarrolló la colección de arte contemporáneo.

Actualmente dirige el Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella, donde lleva adelante un Programa de Artistas y un ciclo anual de exposiciones.

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

  

Marcelo Pombo

 

Marcelo Pombo nace en Buenos Aires en 1959. Crece en una casa sobre la calle Arribeños, en Núñez. Tempranamente su madre advierte su interés por el arte y, a los ocho años, lo lleva al Taller de la Flor. Allí dibuja, hace cerámica, tapices en batik y esmalte sobre metales.

En 1973 su familia debe mudarse a una vivienda modesta ubicada frente a la estación de trenes de la localidad de Virreyes, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Estudia la secundaria en el Colegio Nacional San Isidro.

En 1974, a partir de la prohibición de la novela The Buenos Aires Affair, descubre al escritor Manuel Puig, que se transformará en uno de sus primeros referentes intelectuales, por su estética pop y su abordaje frontal de la homosexualidad.

Marcelo Pombo, 1995. Foto: Gian Paolo Minelli.

Después de terminar el colegio secundario comienza a trabajar como cadete en una agencia de publicidad. Ingresa a la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, pero solo asiste por un mes. “Era una época horrible. Aquello era un páramo de desolación”, señaló.

Al inicio de la Guerra de Malvinas, Pombo viaja a San Pablo, Brasil, sin una finalidad específica y con algunos contactos que le proporciona su amiga y mentora Monique Altschul. En esta ciudad vivirá durante varios meses, que serán cruciales para su manera de conectar la homosexualidad con un ambiente político y cultural específico.

En 1984 inicia una relación de amistad con el artista, periodista y activista gay Jorge Gumier Maier, que en esos años escribía una columna sobre disidencias sexuales en la revista El Porteño. A través de él entra en contacto con el Grupo de Acción Gay (GAG), una agrupación de militancia en la que se discuten textos y se llevan a cabo acciones esporádicas. Desde el GAG, Pombo participa en la ilustración de la revista Sodoma y conoce a uno de sus amigos más influyentes intelectualmente y afectivamente entrañables, el lingüista Carlos Luis.

En 1985 comienza a trabajar como profesor de artes plásticas en una escuela para adolescentes discapacitados en el barrio de Núñez. “Me enamoro perdidamente de los discapacitados mentales –dice Pombo–; me parecen seres de una espiritualidad muy alta; empiezo a idealizarlos y diría que gracias a ellos empiezo a trabajar seriamente en mi obra por primera vez […] Trabajábamos con cartones engrasados, cajas usadas, un botón, y a eso le poníamos purpurina… Era hacer la fiesta de lo pobre y lo tonto”.

En 1986 comienza a cursar el profesorado especial en discapacitados mentales y a trabajar como docente en colegios especiales estatales en zonas carenciadas del Gran Buenos Aires.

Con el fin de exponer en el Centro Cultural Recoleta, su amigo Gumier Maier le presenta a Osvaldo Giesso, entonces director de la institución, quien le sugiere asistir a la clínica de arte brindada allí por Pablo Suárez, Luis Wells y Kenneth Kemble. Pombo acepta, participa de la clínica en una sola ocasión y obtiene una fecha para el siguiente año. Allí conoce al artista Pablo Suárez, que se transformará en otro de sus mentores intelectuales.

En 1987 expone individualmente por primera vez en el Espacio Joven del Centro Cultural Recoleta. En 1989 lo hace en el Centro Cultural Ricardo Rojas, y su curador, Jorge Gumier Maier, escribe el prólogo de la muestra. Entre el 11 y el 30 de diciembre de ese año tiene lugar en el Rojas la primera de una serie de tres exhibiciones que efectuará junto a Pablo Suárez y Miguel Harte.

Durante los 90, realiza varias exposiciones individuales en el Centro Cultural Ricardo Rojas y participa de las dos muestras colectivas que sintetizaban lo sucedido en esa institución, curadas por Jorge Gumier Maier: El Rojas presenta: Algunos artistas, 1992, y El Tao del arte, 1997. Asimismo, interviene de manera central en el debate sobre la posición ética del arte en la sociedad que se inicia en la mesa redonda sobre “arte light” de 1993, en la que Pombo afirma: “Yo trato de hacer cosas lindas con la parte del mundo que me parece horrible”.

En 1996 realiza su primera exposición individual en la galería Ruth Benzacar.

Hacia finales de la década del 90 comienza a concentrar su trabajo en el formato pintura: el esmalte sobre panel será la técnica que depurará hasta constituir uno de sus ejes estilísticos distintivos. A partir de entonces y durante los años 2000, afianzará su carrera en la costa oeste norteamericana, realizando una exposición por año, entre individuales y colectivas.

En 2008, en el Museo Castagnino-macro, de Rosario, actúa como curador y artista de Nuevos artistas del Grupo Litoral, un proyecto de exposición que proponía enlazar, a través de rasgos estilísticos y poéticos comunes, su propia obra con las de integrantes del Grupo Litoral, activo en Rosario durante la década del 50, y con las de otros artistas ajenos al grupo.

En 2010 comienza a ejercer la docencia como profesor invitado en el Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella, donde llevará adelante dos talleres –titulados “Excursiones” y “Cómo construir un museo al costado de la ruta”– centrados en abordar a contrapelo el arte argentino a través de la obra de artistas marginales y de historias periféricas respecto del canon de lo consagrado. Visita con sus alumnos casas de subastas, depósitos de museos y monumentos públicos. Desde esos espacios traza lecturas que revisan la construcción de las tradiciones y jerarquías en la historia de las imágenes.

Entre 2012 y 2014 desarrolla en la red social flickr.com un museo virtual titulado Museo de Arte Argentino Regional, en el que “colecciona” obras de artistas olvidados de distintas épocas, homenajeándolas a través de intervenciones en Photoshop.

En 2013 lleva a cabo la muestra Los duendes del campo decoraron el patrimonio durante la noche, con piezas de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe. Allí, Pombo profundiza su investigación sobre capital cultural, tradición y coleccionismo por medio de una operación que es al mismo tiempo instalación, curaduría y obra de arte. Interviene los muros de la sala de exposición con choclos secos pintados, stickers y moños, sobre las obras de los artistas Mele Bruniard, César Fernández Navarro, Carlos Fossatti y Vilma Turconi.

 
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