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La transavanguardia

Sandro Chia Enzo Cucchi Nicola De Maria Francesco Clemente Mimmo Paladino

Del 09 de Agosto al 10 de Septiembre de 2003  - Entrada: gral $3, est. $2, jub. $1

imagenes
 
 
 

La euforia política de los años sesenta había empujado el arte hacia una impersonalidad de la expresión que no podía conjugar el yo, en posición siempre apostada tras la pulsión creativa de la imagen. Sin embargo, en la segunda mitad de los años setenta el arte de la transvanguardia, practicado en Italia por Chia, Clemente, Cucch, De Maria y Paladino halló de nuevo el placer de una manualidad no separada del impulso conceptual. La manualidad significa capacidad de fijar el trabajo del arte en las inmediaciones de una subjetividad, que utiliza todos los instrumentos expresivos y todos los lenguajes posibles. Acá, la imagen se convierte en el depósito de una potencialidad, apenas insinuada, expresada en los modos del arte, o sea en los de la gracia y el furor.
El amor por el detalle responde a la exigencia de captar pequeñas sensaciones y pequeños conceptos. Estos artistas oponen la idea de la concentración a la idea monumental y heroica que impregna todo el trabajo de los años sesenta.
El dibujo en las obras de Chia, Clemente, Cucchi, De Maria y Paladino es signo, tachón, imagen, efigie, línea, esbozo, arabesco, paisaje, planta, diagrama, perfil, silueta, viñeta, ilustración, figura, escorzo, impresión, escena, boceto, calco, caricatura, claroscuro, pintada, grabado, mapa, litografía, pastel, grabado al agua fuerte, xilografía. Los instrumentos pueden ser: carboncillo, lápiz, bolígrafo, pincel, mina, compás, tiralíneas, escuadra, pantógrafo, regla de cálculo, regla, papel secante, chapa. El proceso puede ser: arabesquear, calcar, componer, copiar, cancelar, corregir, abrillantar, inventar. El resultado: campo, contorno, sombra, ornato, perspectiva, plumeado.
El arte finalmente regresa a sus motivos internos, a las razones constitutivas de su obra, a su lugar por excelencia que es el laberinto, entendido como “trabajo dentro”, como excavación continua dentro de la sustancia de la pintura. La idea del arte, a finales de la década de los setenta, era la de hallar de nuevo en sí mismo el placer y el peligro de ocuparse, rigurosamente, de la materia del imaginario, hecha de derivas y esfuerzos, de aproximaciones y nunca de metas definitivas. La obra se convierte en un mapa del nomadismo, del cambio progresivo practicado fuera de toda dirección preconstituida por parte de artistas que son ciegos - videntes, que se alegran en torno al placer de un arte que se no reprime ante nada, ni tan siquiera ante la historia.

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