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Av. Pedro de Mendoza 1835 [mapa]
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Mar a Vie 10 a 18 hs. Sáb, Dom y fer 11 a 18 hs.

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El paisaje como presencia

Ricardo Supisiche

Del 29 de Octubre al 27 de Noviembre de 2011 - Inaugura: 12.30hs  - Entrada: Bono contribución $ 8.-

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Esta muestra forma parte de la concreción de objetivos planteados desde hace décadas por el director de AHRUS ARTE, Juan Carlos Deambroggio, sobre la difusión de Maestros del Arte Argentino quienes, después de su fallecimiento, lentamente van quedando en el olvido. Acompañado siempre en estos emprendimientos por coleccionistas y empresarios, esta exposición es un homenaje a quien fuera uno de los pintores más trascendentes de Santa Fe.

 

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Supisiche
El paisaje como presencia

 

El paisaje es un escenario. El paisaje es un espacio. El paisaje es una presencia que palpita y contiene. Un universo a recorrer.

 

Ricardo Supisiche, pintor por elección, pintó paisajes a lo largo de medio siglo. El paisaje que conocía, de isla y río. El paisaje de su comarca. El que descubrió desde la primera niñez y navegó desde entonces en canoas y barcos innumerables. Esa presencia fue, en su caso, materia de indagación permanente. Desde la aparente mediatez temática, hasta el inasible trasfondo.

 

Porque Supisiche hizo metafísica de ese espacio. Lo desmaterializó y tornó a visualizar en una nueva semántica de recursos / efectos / trasposiciones del plano / difumaturas cromáticas /  espacialidades figuradas. El escenario tomó otra altura vivencial y la obra -ese proceso secreto y genealógicamente renovado en cada impronta-   le facultó para un desarrollo expresivo intenso, fervoroso, de caudal renovado.

 

En la visión prospectiva que permite el tiempo, la pintura supisicheana es un continuum que ofrece, casi secuencialmente, todo un cosmos de sensoriales. La materia que digita y condensa formas en su deslizamiento pigmentario. La figura que anima en la verticalidad ese silencio pronunciado. El color que califica casi aéreamente los planos y les da categoría de atmósferas. La luz, en fin, que define, sin pronunciar su origen, la campana del día o de la noche.

 

Entendido así, el paisaje de Supisiche alcanza cierto innegable magicismo. No está fijado a circunstancialidades asociativas: es el espacio de un tiempo intransferible. Espacio y tiempo que acuerdan, sin embargo, connotaciones que les son propias. Y que poseen mucho de memoria y de naturaleza recreada. Entonces es, en el doble proceso de plasmación y mirada, que la pintura del maestro corporiza no sólo su mayor énfasis perceptual, sino toda su carga expresiva, no exenta de mediumnidades.

 

Afirmar que Supisiche logró universalizar el paisaje del litoral no es sino reiterar un consabido aserto. En su mirada de acentos metafísicos, concretó una impresión enriquecida de ese paisaje; y sin transmutarlo, lo proyectó a una dimensión en que la composición rectora y el despojamiento jerarquizador, conjugan las partes integradoras de un todo.

 

Feliz circunstancia ésta que su obra -óleos, acuarelas, dibujos- pueda volver a valorarse en sus acentos. Y que el Museo Municipal Quinquela Martín exhiba en sus salas una obra original e indiscutiblemente distintiva, dentro del gran arte argentino.


J. M. Taverna Irigoyen
Miembro de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes
Miembro de las Asociaciones Argentina e Internacional de Críticos de Arte

 

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Isla

 

Nadie sabe lo que puede un cuerpo
Spinoza

 

Uno de los grandes temas del arte litoraleño es la isla. Allí se conforma un espacio, una atmósfera, y también una poética. La isla es el lugar de las transmutaciones y los devenires. De esta sensación, de personajes que parecen estar fundidos con el agua o la vegetación, en sus ciclos y repeticiones, o de ese silencio profundo en el que todo esto acontece, está hecha la obra de Supisiche.

 

El poeta entrerriano Juan L. Ortiz escribió, al otro lado del río: “[…] No parecía un gatito, no, no parecía./ Y he sentido de pronto que en ese momento era mi vínculo/ con un mundo vasto, vasto, de vidas secretas y sutiles,/ de vidas calladísimas, a veces duramente cubiertas, pétreamente cubiertas,/ y también de las otras cercanas de la suya/ manando –sin memoria, dicen- entre las sombras indiferentes y hostiles/ […] Y él me ha respondido con su gritito/ desde su pesadilla doblemente acariciada./ Reíos: me fundí con él, me hice con él/ como con el llamado vivo, vivo, que nos rodea, y tiembla en la sombra… […]”1. En estos fragmentos encontramos esta conexión, este link mágico entre el hombre y la naturaleza. También en las figuras payé del pintor rosarino Leónidas Gambartes, que son seres híbridos-mágicos, en un estado de devenir brujo, a medio camino entre el hombre y el animal.

 

En los cuadros de Ricardo Supisiche, quien nos interesa concretamente aquí, los personajes y el paisaje consuman una alianza. Y es el tratamiento pictórico del paisaje y de los personajes el que hace atravesar los reinos. Nadie sabe lo que puede un cuerpo. El hombre es hombre, pero también es sombra, tronco seco, tierra, y así el paisaje es a la vez hombre; y todo es pintura y mancha. El límite es precisamente lo que se diluye. “Cuando él [el artista] siente que una mancha, una forma, es determinada cosa, la mancha, la forma, es “esa” cosa. Así también cuando esos espacios le parecen habitados, transmite el mismo sentimiento al contemplador”2. Supisiche,  en sus pinturas, traza una alianza con la isla. Sobre esta ambigüedad de los límites (tal vez, acaso, porque los propios de la isla nunca son precisos y siempre están cambiando), de los contornos, entre figura y fondo, entre personaje y paisaje, entre sombra, tela, rancho, madera y hombre, sobre esta sucesión mágica de agenciamientos afectivos, se configura la potencia de su obra.

 

Lucas Collosa
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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