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De la naturaleza fantástica

Carlos Masoch

Del 03 de Mayo al 03 de Junio de 2012 - Inaugura: 19hs  - Entrada: libre y gratuita

 
 
 

El dibujo está al alcance de niños, jóvenes y adultos: sólo basta un lápiz y un papel para poner en acto las ideas. Es, a no dudarlo, un arte democrático, y económico. Dibujar es un ejercicio libre, sin ataduras de ningún tipo. Cada dibujo abre mundos, conecta sentidos, trasciende límites: es un ejercicio de libertad absoluta.

 

La labor de Carlos Masoch es una apología de la libertad: con economía de recursos, en una suerte de minimalismo expresivo, sus fantásticas composiciones subvierten las tradicionales miradas esculpidas que pontifican sobre qué y cómo debe dibujarse.

 

Oscar Smoje
Director Palais de Glace
Secretaría de Cultura – Presidencia de la Nación

 

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Carlos Masoch dibuja con oficio imágenes que permiten ver historias, las que traza detrás de las hojas de los antiguos -y putrefactos- libros de botánica y de histología médica utilizados en esta ocasión como soporte de sus dibujos. El uso de la goma de borrar como elemento de trazo, la transformación alquímica de la lavandina sobre el papel, la utilización de los reversos de las páginas ilustradas, el interés por preservar la rotura de la hoja arrancada del libro que originalmente la contuvo, constituyen recursos de los que ingeniosamente se sirve Masoch para construir sus universos.

 

Sus líneas son nítidas y con la precisión característica del dibujo enciclopédico se combinan con zonas difuminadas para ofrecer imágenes concisas. La reducción al mínimo de los elementos utilizados es un componente indispensable para la obtención de este resultado. Pese a la claridad visual de sus trabajos, no hay nada evidente en ellos. Las escenas se abren a múltiples interpretaciones a contramano del relato enciclopédico que erosiona la polifonía y legitima un único sentido.

 

La síntesis de figuras y materiales potencia el significado de cada uno de los elementos. Las escenas son generadas íntegramente a partir de los personajes a través de sus gestos y sus mínimos movimientos. Si bien en algunos casos existen contextualizaciones espaciales, siempre quedan en segundos planos en el mundo propuesto por la imagen. La opresión de paisajes desolados se percibe más a través de la sumisión de los seres inmersos en ellos que mediante el escenario circundante. En los alucinantes dibujos de Masoch los protagonistas son figuras vivas e imperfectas que distan mucho de una mirada idealizada o costumbrista. Son protagonistas en todo sentido. Son el centro de la composición y, destacados por una aureola de luz, mantienen una apertura con su entorno, inhalan y exhalan el humo que los rodea.

 

Como en obras anteriores, Masoch insiste en fabular. Al igual que en las fábulas tradicionales -esos relatos didácticos y moralizantes que nos son leídos en la más tierna infancia- sus dibujos involucran animales humanizados, de traje y corbata, y evocan mundos que lindan entre la realidad y la fantasía. Estos seres no son tanto personajes individualizados cuanto representaciones de tipologías que encarnan el miedo, la sumisión, el festejo, la veneración. Sin embargo, sus actitudes alteran los sentidos primigenios de las fábulas para pervertir la voluntad normativa de aquellos relatos. La destrucción de los sentidos originales de las fábulas tradicionales, de la iconografía y simbología religiosas, transforman a estos libros en verdaderas imágenes apócrifas. La inversión entre dorso y reverso de la hoja del libro es también, en algunos de sus dibujos, una inversión de roles sociales. Allí donde esperábamos encontrar una virgen vestida e inmaculada, encontramos una mujer desnuda expuesta al deseo. El hombre que viste el traje es el hombre que esconde su mirada cobardemente detrás de su mano.

 

Los dibujos de esta exposición pasan de la estampita al ritual en un solo paso con total naturalidad. De la quietud hierática del santo al movimiento pautado de un hombre que participa en una ceremonia. Masoch celebra el aspecto vivencial del ritual y hace visible la imprescindible participación del cuerpo en él. Son mundos fantásticos de seres fabulosos y paisajes desolados donde la muerte asoma en la quietud de la naturaleza. Una muerte anticipada en las imágenes de hojas diseccionadas (mutiladas) impresas sobre el libro que se repite en la disección del cuerpo de algunas de sus figuras.

 

Las obras de Masoch se distinguen por una especie de carácter apócrifo de modo que no hay dogmatismo ni formalidad. Subvierten la moral instituida y la reemplazan por estampitas paganas, próceres demonizados, caperucitas cómplices del lobo y franciscanos que adoctrinan a cangrejos que dan la espalda a las escrituras. En la misma sintonía, el artista desacata el título original en la portada del libro de histología: sustituye la palabra “escritos” por “dibujos”. Asimismo, con pinceladas tapa el texto impreso y construye imágenes que nos permiten ver otros relatos. Como el cangrejo, Masoch le da la espalda al libro que tiene entre las manos.

 

Sofía Jones
Mariana Luterstein

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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