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Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat | 10ª aniversario 2008-2018

Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat | 10ª aniversario 2008-2018

Muestra colectiva

Del 26 de Octubre de 2018 al 31 de Diciembre de 2019 - Inaugura: 19hs  - Entrada: $100. Mie, estudiantes, docentes y jubilados $ 50.

 
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Hace diez años, el 22 de octubre de 2008, la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat abría sus puertas al público generando gran expectativa en el ámbito de la cultura. Se inauguraba un edificio construido para albergar obras de arte, en uno de los barrios más nuevos de la ciudad, con una de las colecciones más prestigiosas del país.
 
La muestra inaugural exhibía más de 250 obras de la Sra. Amalia Lacroze de Fortabat, su fundadora y una de las mecenas del arte más reconocidas. Desde ese comienzo, la Colección sumó a sus actividades distintos programas públicos, y a partir de 2012, exhibiciones temporarias.
 
Hoy, diez años después y festejando su aniversario, se renueva con una serie de propuestas y actividades que ratifican los preceptos originales de la inauguración: la difusión y desarrollo del arte nacional. Un nuevo guión de la Colección Permanente, la inauguración de una sala especial, una muestra temporaria que festeja a los artistas argentinos vinculados a la Colección, la convocatoria a un Premio de pintura y la publicación de una colección de libros, son algunas de las actividades que se verán e inaugurarán a partir del 26 de octubre.
 
Un museo es un lugar maravilloso, es la casa donde los hombres atesoran las más preciosas obras de su creación. En los museos vive el espíritu, el talento y la imaginación de los artistas. Recorrer un museo es una experiencia única, fascinante. Por eso, con el deseo de extender a todos la riqueza del arte de nuestro país, he decidido compartir mi colección de arte argentino. Una colección exquisita que habrá de combinarse con obras de artistas extranjeros de este y otros tiempos, que serán presentadas a través de exposiciones rodantes periódicas.
Amalia Lacroze de Fortabat 28 de enero de 2001, Diario La Nación

TEXTO CURATORIAL

 
  • Marcelo Pacheco
Relato curatorial
Por Marcelo E. Pacheco
 
El arte argentino del siglo XX estuvo marcado por luchas y enfrentamientos entre dos sectores que buscaban ocupar la posición de dominio en el campo artístico con su correlato en el campo de poder. Se trataba básicamente de las batallas que se daban entre los artistas tradicionales y los renovadores. Este tipo de dualidad no fue un fenómeno propio de lo local sino un comportamiento de la escena artística visible desde los inicios de la modernidad en París, alrededor del 1800, entre el Romanticismo y los artistas de la Academia.
 
Para los años 1920 en el arte argentino estas tensiones básicamente bipolares cambiaron en su sistema de luchas. La modernidad se ampliaba en sus propuestas, las presiones cambiaron su dinámica. Los conservadores ya tenían un terreno propio, firme en sus fronteras y claro en sus estrategias materiales y simbólicas, y en su red de complicidades.
 
Mandantes en el gusto mesocrático tenían su peso específico en amplios sectores de la crítica, colecciones, instituciones y mercado, y en sus materialidades y visualidades convenientemente actualizadas por un simple maquillaje. Mientras tanto, en el ámbito de los renovadores, la variedad de lenguajes se multiplicaba, así como sus polos de acción y de enfrentamientos.
 
En los inicios Ripamonte versus Malharro, luego Quirós versus Pettoruti, más tarde figuración versus abstracción versus no figuración, arte puro versus arte social, informalismo versus neofiguración, y así sucesivamente. La ida a la lucha nunca cesa porque el campo artístico es múltiple en sus signos y en sus instrumentos para la acumulación, generación y distribución de capital simbólico y capital material. Estas tensiones son parte constitutiva del relato curatorial planteado, son la base narrativa de las salas de la “Colección”.
 
A esta tensión madre entre tradicionales y renovadores se suman otro tipo de contradicciones que enfrentan a las obras, que a veces son motivos de choques adicionales y otras atracciones para crear sectores de sentidos reconocibles en sus armados: juegos de anclaje y de alternancia de temas y asuntos iconográficos; acercamientos o retracciones por rechazos estilísticos; reunión de trabajos con contaminaciones similares; construcción de micro secuencias narrativas mediante oraciones visuales eslabonadas; distribución de acuerdo a la focalización construida.
 
A este múltiple juego de posibilidades e intenciones que constituyen la gramática del presente campo de escritura, se le agregan dos más para entender la narrativa dispuesta en el espacio físico. Por un lado, la elección de una cronología focalizada como eje general de lectura y comprensión y por otro, las convivencias aún contradictorias entre los muchos signos dispuestos atravesados por su sucederse o por su temporidad. No se trata de una puesta cronológica a la manera de los historicismos de la modernidad ni tampoco trabajar eligiendo palabras sustantivas, a veces conceptos o cualidades que organizan núcleos expositivos sin tener en cuenta las historicidad propia de las presuntas categorías elegidas.
 
El marco de lectura es una cronología focalizada, un instrumento frecuente en los análisis narratológicos, las obras son consideradas en sí mismas, incluyendo su temporidad, y, al mismo tiempo son dispuestas de determinada manera, hay un cómo exponer las piezas que es parte constitutiva del discurso narrativo creado por la práctica curatorial.
 
El valor de la doble exposición en juego en toda muestra que señala Mieke Bal: una obra de arte se ve cómo se ve, al mismo tiempo, que se ve cómo se dispone, la pieza es cómo es y es cómo se despliega. 5 Una de las características reiteradas dentro del patrimonio institucional de la “Colección” es el desfasaje de fechas de las obras que resultan tardías con respecto al momento de la intervención más activa de su autor en la coyuntura artística, política y social.
 
Una colección permanente puede optar por diferentes relatos curatoriales pero la cronología focalizada tiene la virtud de plantear los interrogantes, los compromisos, las intencionalidades del proceso del arte en sus significaciones históricas, no en historicismos ni mandatos del deber ser histórico de lo moderno, sino en su temporidad, la obra atravesada en su existencia por su acontecer y por sus haces relacionales de significados.
 
Las obras son signos y como tales juegan en lazos de asociaciones y se mantienen siempre su historicidad que es tiempo elástico. Esta opción por la focalización permite el movimiento de las obras dentro de sus puntos de relevancia como parte de un haz temporal abierto y no de sujeción anclada, desaparece la cronología como línea recta en su ir ocurriendo mecánicamente y arrastrando las ideas de evolución y progreso.
 
Así, por ejemplo, para desplegar las acciones visuales del período iniciático de lo moderno se pueden llevar a este contexto los dos arlequines de Pettoruti de 1950 para entrelazarlos con Xul, Figari y Gómez Cornet. Obviamente el artista ha mantenido sus principales cualidades formales y artísticas de los años 20 lo que admite su traslado sin falsear los juegos de los lenguajes en sus varias dimensiones. Pettoruti en 1950 seguía trabajando con su propuesta de una concepción abstracta de lo visual montada sobre la ilusión de una percepción cercana al cubismo sintético.
 
El mismo tipo de desplazamiento temporal, gracias a la conservación de las señales básicas de los idiomas vistos en sus anteriores intervenciones, estimulan a otros pintores a ocupar su mejor localización como, por ejemplo, Aquiles Badi, Juan del Prete, Raquel Forner, Horacio Butler, Carlos Ripamonte, Luis Cordiviola, entre otros. La práctica curatorial como campo de escritura y la exposición como discurso narrativo permiten poner en acto una serie de recursos propios de múltiples disciplinas. Las obras como materia prima traen al debate sus dimensiones formales, significativas y visuales, y se convierten en oraciones de secuencias desplegadas en el espacio arquitectónico de las salas.
 
 
Sala Alejandro Bengolea
 
La Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat le rinde homenaje a Alejandro Bengolea destinando una sala para su Colección.
Treinta obras que repasan el arte argentino de las décadas de los 60 y 90 con la curaduría de Marcelo E. Pacheco. Obras seleccionadas por su importancia y valor para representar estas épocas. Incluye grandes piezas de artistas como Alberto Greco, Oscar Bony, Luis Fernando Benedit, Marcia Schvartz, monica Girón, Jorge Gumier Maier, entre otros.
 
La Sala Alejandro Bengolea es un nuevo espacio que inaugura la Colección con una selección de treinta obras de arte argentino de la segunda colección reunida por el nieto de Amalia Lacroze de Fortabat. Bengolea fue un protagonista clave de los años 90, dedicado a armar un conjunto de arte contemporáneo que, años después, por motivos inesperados se dispersó.
 
Desde entonces sus contactos con el mundo del arte fueron esporádicos y dispersos. En los últimos seis meses de 2014 sorprendió con su retorno decidido y acelerado a exploraciones de autores y obras de primer nivel entre los años 60 y los 90.
 
Sin urgencia pero con un ritmo sostenido, de semana en semana, las adquisiciones fueron creciendo. Lo fundamental para Alejandro Bengolea era encontrar aquellos trabajos que, sin ninguna imposición externa, le ofrecieran la promesa de conversaciones íntimas durante sus días.
 
La selección actual representa, en un relato curatorial simple y directo, los múltiples y dinámicos campos que él recorrió, abarcando, entre otros, desde el informalismo y la neofiguración hasta el arte conceptual, la transvanguardia y las variadas estéticas de las camadas de los años 90 de El Rojas en adelante.
 
Marcelo E. Pacheco
 

ARTISTAS PARTICIPANTES

Primer subsuelo: arte internacional
Andy Warhol, J. M. William Turner, Pieter Brueghel II, Jan Brueghel I, círculo de Maarten van Heemskerck, Gustav Klimt, Augiste Rodin, Salvador Dalí, Marc Chagall, Tsuguharu Foujita y Roberto Matta Echaurren.
Sector especial destacando las esculturas y relieves egipcios, y los objetos griegos.
 
Segundo Subsuelo: arte argentino
Siglo XIX: Carlos Morel, Prilidiano Pueyrredón, Johan Moritz Rugendas, León Palliere, Antonio Gazzano, Juan Manuel Blanes y Ángel della Valle
Siglo XX. 1900-1920: Cesáreo Bernal de Quirós, Carlos Pablo Ripamonte, Pío Collivadino, Martín Malharro, Walter de Navazio, Ramón Silva, Valentín Thibón de Libian, Fray Guillermo Butler, Fernando fader, Alfredo Guttero, Fausto Eliseo Coppini, Antonio Alice, Benito Quinquela Martín, José Américo Malanca, Ismael Eduardo Astarloa, Antonio Pedone, Italo Botti, Alfredo Guido y Ángel Vena.
Años 20: Fortunato Lacámera, Lino Enea Spilimbergo, Pedro Figari, Xul Solar y Emilio Pettoruti
Años 30: Héctor Basaldúa, Aquiles Badi, Horacio Butler, Raquel Forner y Juan del Prete.
Años 40: Emilio Centurión, Miguel Carlos Victorica, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y Raúl Lozza
Años 50: Raúl Russo, Juan Batlle Planas, Leopoldo Presas y Raúl Soldi.
Años 60: Ernesto Deira, Rómulo Macció, Carlos Alonso, Jorge del la Vega, Kenneth Kemble, Nicolás García Uriburu, Rogelio Polesello y Gyula Kosice.
1970-1990: Roberto Aizenberg, Marcelo Bonevardi, Eduardo Mac Entyre, Luis Fernando Benedit, Liliana Porter, Luis Felipe Noé, Margarita Paksa, Carlos Gorriarena, Marta Minujin, Clorindo Testa y Alfredo Prior.
 
Sala Alejandro Bengolea
Artistas exhibidos: Oscar Bony, Luis Felipe Noé, Rómulo Macció, Jorge de la Vega, Alberto Greco, Luis Fernando Benedit, Marcia Schvartz, Mónica Girón, Alfredo Prior, Guillermo Kuitca, Alejandro Kuropatwa, Fabio Kacero, Marcelo Pombo, Pablo Siquier, Omar Schiliro, Alberto Heredia, Sebastian Gordín, Norberto Gómez y Pablo Suarez 
 
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