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Ciclo Gracias Maestro! - Carlos Manuel Crespo (1940-2010).

Ciclo Gracias Maestro! - Carlos Manuel Crespo (1940-2010).

Carlos Manuel Crespo

Del 26 de Junio al 20 de Julio de 2012 - Inaugura: 20hs  - Entrada: libre y gratuita

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Pintar lo cotidiano, lo que está dentro y lo que te rodea. Con pasión, con sinceridad, con bronca, con llanto, con humor, con ironía, con corrosión y austeridad. Con tal coherencia que hizo de su obra su diario.

Carlos Manuel  Crespo vivía en una planta alta. Cuando llegabas a visitarlo, tocabas el timbre y aparecía por la ventana. Te saludaba y tiraba la llave. Entrabas por un pasillo. Te esperaba arriba, a la salida de la escalera en espiral. Casi siempre había música. Ópera. Y al pasar a su casa-taller te sorprendía con sus últimas pinturas. Hacía, en sus buenas épocas, dos o tres por día, y se negaba a volver a una obra del día anterior. Respetaba lo espontáneo.

 

En la casa mágica siempre había libros. No como biblioteca, sino uno arriba del otro. Pilas de libros. Discos de vinilo y cds de los Beatles, Lou Reed, música clásica, óperas, Goyeneche, Albert Pla, Charly García, Lennon…

 

La Terraza
Una terraza con muchas plantas, con esculturas en piedra y banquitos hechos e intervenidos por él. Dos pilares con una losa que funcionaba como asador. Hubo charlas larguísimas en esa terraza. Tardes de charlas, noches de charlas, tardes de cerveza, noches de vino… Hasta verlo cerrar los ojos y escucharlo tararear la canción que llegaba del equipo de audio. A veces una canción desde sus clásicos, otras veces una melodía recién descubierta.
Carlos Crespo jugó al fútbol en el Club Belgrano. Iba al cine casi todos los días. Nina, Gris, Basquiat, Tiziano fueron sus gatos. Nueva Córdoba su lugar. Cabalango en las sierras. París en el mundo. 

 

El Taller
Obras de Ana Sokol. Un teléfono gris a disco, manchado con pintura. Fotos, tarjetas, un pinche con papeles, una agenda, carpetas, cajas con dibujos, con impuestos siempre al día. Rollos de obras en papel. Un perchero. Un mapamundi. Una pantalla  de papel hecha por Crespo. Por la ventana con toldo hecho en casa, a eso de las once, entraba una linda luz.

El Crespo siempre se acordaba de Van Gogh, de Picasso, de Lennon, de Bergman , de Borges, de Xul Solar.

 

La Cocina
Arriba de la heladera había muchos vinos, algún Campari, y otras botellas de bebidas con alcohol. Varias pasaron años ahí, sin que nadie las toque.  Crespo era un buen cocinero, sobre todo de recetas árabes, las que hábilmente se negaba a revelar.
Cada cosa en su lugar, los cubiertos en el cajón que él mismo hizo en la mesa. Las copas y platos en el armario… Cada cosa en su lugar.


Crespo visitó el taller donde Picasso pintó el Guernica. Crespo lo ayudó a cruzar la calle a Jorge Luis Borges. También, en unos de sus viajes, y según sus propias palabras, vio hermosísimos Odilón Redon.

 

La Obra
Carlos Crespo modificó la realidad de artistas de varias generaciones. Boca a boca se armó su prestigio, fue admirado y respetado por sus pares. Sus exposiciones se llenaban de gente.
Ingenuo, inquieto, sensible, irónico, con sentido del humor. Fresco.

 

Una poderosa y original capacidad imaginativa había en Crespo.
Pintar lo cotidiano, lo que está dentro y lo que te rodea. Con pasión, con sinceridad, con bronca, con llanto, con humor, con ironía, con corrosión y austeridad. Con tal coherencia que hizo de su obra su diario.

 

No hay más que hablar.


Diego Bastos
Buenos Aires, mayo de 2012 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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