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Av. Pedro de Mendoza 1835 [mapa]
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Mar a Vie 10 a 18 hs. Sáb, Dom y fer 11 a 18 hs.

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Boliches

Adolfo Previderé

Del 29 de Octubre al 27 de Noviembre de 2011 - Inaugura: 12.30hs  - Entrada: Bono contribución $ 8.-

imagenes
 
 
 

Boliches está compuesta por un conjunto - de los innumerables registros fotográficos realizados a través de los años- sobre espacios y personajes de los pueblos de nuestra región.
La exposición, programada y con una primera selección de su autor, continuó con la colaboración del reconocido fotógrafo santafesino Raúl Cottone, sus hijas Paula y Carolina y Norma Fenoglio, quienes seleccionaron el conjunto final, que también será expuesto en 2012 en el Museo Provincial de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez” con motivo del Festival de la Luz. Amigos personales de Fito, a través de la gestión de María Delfina Barreiro, aportaron los recursos necesarios para la realización de esta muestra.

 

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El cuerpo esta hecho de fuego
agua, aire, tierra y éter,
y retornara en estos elementos.
Pero el alma es permanente.



La serie de los bares de Previderé es quizás el mejor documento sobre esta parte de nuestra pampa gringa.
Dueño de una sensibilidad increíble, Fito captura en esta serie la esencia de los personajes, el relato, el juego, la melancolía, el tiempo demorado, la vida ganada.
Encuadres perfectos, ha sido maestro en el manejo del espacio,el tiempo y la luz.
   

"Fotografiar" decía Cartier Bresson, es retener el aliento cuando todas nuestras facultades convergen para captar la realidad huidiza, es entonces cuando la captura de una imagen es una gran satisfacción psíquica e intelectual.
Es poner sobre la misma línea de mira, la cabeza, el ojo y el corazón. ES UNA FORMA DE VIVIR.

 

Raúl Cottone

TEXTO CURATORIAL

 

Adolfo Previderé
una huella de luz

 

Cuando a partir del último cuarto del siglo XIX comenzó a popularizarse la fotografía, el arte vio multiplicados sus horizontes y posibilidades. Liberadas de la necesidad de documentar, las artes plásticas se dieron a la exploración y reformulación de sus propias estructuras.
Con la fotografía, había llegado la disciplina que documentaría y se constituiría en una suerte de memoria visual del mundo; pero a poco de su aparición, comenzó a mostrar la radical extrañeza de lo que llamamos “realidad”. Fotos como las de Etienne Jules Marey o Edweard Muybridge (paradójicamente originadas en búsquedas científicas), ya mostraban que aquella grafía de luz discurriendo en el tiempo iba a testimoniar tanto como cuestionar “lo real”.

 

“La Fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”, sostiene Roland Barthés en La cámara lúcida; y esta fatalidad que afirma a la vez presencia y nostalgia de lo que ha sido y no se repetirá, viene muy bien para aludir al trabajo de una de las cámaras mas lúcidas de nuestro tiempo: la de Adolfo Previderé.
En su serie de fotografías de boliches de campo, Previderé, dueño de una exquisita sensibilidad artística, rescata del olvido seres y espacios inmersos en una atmósfera cuya atemporalidad los acerca a lo surreal.
Cada foto de esta serie, se constituye en una ventana desde la cual nos podemos asomar a una multiplicidad de sentidos, y a la evocación de tiempos y lugares donde se entretejen lo mítico y lo pagano.

 

Los boliches fueron y son ámbito de encuentro y socialización. Allí la noción de tiempo parecía ser diferente. Allí los hombres conversaban o simplemente “solitariaban”. Allí se jugaba, se bebía, y hasta se moría o mataba.
En un boliche tuvo lugar la payada y el duelo entre Martín Fierro y el Moreno, y en la misma pulpería, Borges imaginó el fin del gaucho creado por Hernández.

 

Encuentros y desencuentros, ardides políticos, fiestas y dolores... todo podía transcurrir en los boliches, como en un escenario donde la obra es la vida.
Y todo eso adquiere un rotundo presente en las fotos de Adolfo Previderé. Porque su cámara nunca se ha limitado solamente a registrar, sino que ha impregnado de luz todo lo que supo “enfocar”.

 

En los vacíos y silencios de aquellos espacios fotografiados, vuelven a ser, una y otra vez, las presencias y voces que supieron frecuentarlos y que hoy son parte de nuestra memoria colectiva.
Cabalmente cumplida su misión de artista, y haciéndonos visibles aquellas magias que enriquecen y dan sentido a la existencia, en estas imágenes (nos) habita para siempre Adolfo Previderé... es decir, la fotografía misma. Una inmensa huella de luz.

 

Víctor G. Fernández

 

ARTISTAS PARTICIPANTES

 
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