Guido Minerbi

Acerca de Guido Minerbi

Nació en Buenos Aires. Estudió en la Universidad de Washington de Seattle, EE.UU. (B.A. en Periodismo y M.A. en Comunicaciones).Vivió en EE.UU. e Italia. Es artista plástico y expuso en Argentina, Bélgica e Italia. Fue coordinador de Fundación Gillette, miembro del Consejo Directivo de la Fundación Cinemateca Argentina, secretario general del XI Congreso de la Federación Mundial de Asociaciones de Amigos de los Museos y Chairman de la IPRN (International Public Relations Network). Es Director General de la consultora Minerbi/Silveira Comunicación Corporativa.

Una insólita colección en plena pampa húmeda, a unos 540 kilómetros de Buenos Aires, en una comarca sin igual

 

Con motivo de las próximas vacaciones de invierno y la suba del dólar, quienes manejan el tema turístico vaticinan que una gran masa de connacionales se volcará hacia los destinos turísticos autóctonos y que será menor el volumen de argentinos que viaje al exterior.

 

Sierra de la Ventana: una comarca y un complejo sin igual

Es por eso que parece oportuno -en esta columna que conjuga arte y viaje- comentar algo que puede orientar a los aún indecisos.

Vista del maciso del cerro Ventana desde El Mirador - Foto Carmen Silveira

Vista del macizo del cerro Ventana desde El Mirador – Foto Carmen Silveira

No lejos de Bahía Blanca, para ubicarnos, se encuentra una comarca turística incomparable, que ofrece realmente de todo para toda la familia y todas las edades. Se trata de la Comarca de Sierra de la Ventana, agraciada por las sierras más elevadas de la Provincia de Buenos Aires, entre las que se destacan el Cerro Ventana (cuyo hueco en la cima da el nombre a toda la comarca)

El hueco del Cerro Ventana, ícono de la Comarca - Foto gentileza Municipalidad de Tornquist

El hueco del Cerro Ventana, ícono de la Comarca – Foto gentileza Municipalidad de Tornquist

y el Tres Picos, bautizado así por el destacado naturalista Charles Darwin -erróneamente- ¡ya que los picos son cuatro y no tres! En la comarca se puede admirar el cambiante paisaje, la frondosa vegetación, hacer trekking, escalar, cabalgar, andar en bicicleta, disfrutar de ríos y arroyos, ver pinturas rupestres, visitar los múltiples talleres de excelentes artesanos en Villa Ventana, observar una generosa variedad de pájaros y vegetación y vivir en estrecho contacto con la naturaleza. Desde ya, al ir en invierno es recomendable estar bien abrigados porque reina allí un microclima que, a veces, puede ser acompañado de copiosas nevadas, no sólo en las cumbres, sino también en los numerosos valles que puntean las sierras de Ventania y de Pillahuincó.

Ubicado entre la cabecera homónima del Partido de Tornquist y Sierra de la Ventana se encuentra el hermoso Parque Provincial Ernesto Tornquist, contiguo al cual se levanta el notable Complejo Turístico El Mirador. Éste conjuga siete hectáreas de terreno arbolado, enmarcado por el Cerro Ventana y otros de menor altura, una amplia piscina (no apta para el invierno, desde ya…) un acogedor hotel con habitaciones, suites y cabañas, sala de reuniones ejecutivas, canchas para una variedad de deportes, una fábrica de alfajores (excelentes) y un restaurante de muy alto nivel.

El Mirador: vista parcial del hotel - Foto Carmen Silveira

El Mirador: vista parcial del hotel – Foto Carmen Silveira

Lo que distingue a El Mirador de otros hoteles en la zona -que no son muchos- es que este establecimiento ubicado a la vera de la Ruta Provincial 76 está regido con eficiencia y calidez por tres generaciones de una misma familia.

 

 

 

Los descendientes de los “Alemanes del Volga”

Se trata de los Maipach, cuyo apellido original fue modificado por el descuido de un oficial de migraciones que puso una “p” en lugar de una “b”. Así, cuando los antecesores de la familia llegaron de Europa, su apellido era Maibach, pero terminó “argentinizado” en Maipach. Según el día y la hora de llegada, los huéspedes pueden ser recibidos con la misma calidez por el abuelo (Don Aurelio, fundador del complejo), su hijo Jorge, su nieto Jonatan o su yerno Walter. A veces también pueden reemplazarlos la esposa de Jorge, Silvia, la de Walter, Mónica, o Doña Tita, la señora de Aurelio.

Tres generaciones de la familia Maipach rigen los destinos del Complejo - Foto gentileza de Jorge Maipach

Tres generaciones de la familia Maipach rigen los destinos del Complejo – Foto gentileza de Jorge Maipach

La historia de esta laboriosa familia es digna de un capítulo aparte, ya que se trata de descendientes de los “alemanes del Volga” que arribaron de la lejana Rusia a fines de 1800. La historia de estos inmigrantes, muchos de los cuales se establecieron en varias colonias situadas cerca de Coronel Suárez, es sumamente interesante y merece hablar con sus descendientes para conocerla en detalle.

El Zar de Rusia contrajo matrimonio con una princesa alemana quien luego se convertiría en Zarina de todas las Rusias, con el nombre de Catalina la Grande. l recorrer la zona del río Volga, Catalina observó que los alemanes eran mucho más hábiles y eficientes que los rusos y por eso trajo desde su país natal no sólo agricultores y campesinos, sino técnicos y profesionales. Ávida de poder y sin mayores escrúpulos, un buen día hizo asesinar a su esposo el Zar por sicarios y se convirtió en Zarina.

Catalina la Grande junto al zar Pedro III - Imagen de archivo

Catalina la Grande junto al zar Pedro III – Imagen de archivo

A todo esto, habían pasado los años, los alemanes habían transmitido sus técnicas y conocimientos a los rusos y la misma Catalina -que los había traído- los expulsó de Rusia dándoles un breve plazo para volver a emigrar. Lamentablemente para ellos, Alemania tenía en aquel entonces un alto nivel de desempleo y una compleja situación económica por lo cual un regreso a su antiguo país no era viable. Algunos países no europeos ofrecieron recibirlos y la Argentina fue uno de ellos, durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, ofreciéndoles parcelas de tierra, elementos para la agricultura, algunos animales y materiales para que construyeran sus casas. Fue así que hoy en la Argentina tenemos una gran cantidad de descendientes de esos pioneros que pasaron a identificarse como “alemanes del Volga”.

Pero volvamos a El Mirador. La familia Maibach-Maipach es hoy una típica familia argentina que, sin embargo, recuerda sus orígenes y tradiciones europeas. Así, a la par de contar con una fábrica de alfajores de dulce de leche integrada a la cocina y al vasto restaurante, Don Aurelio no sólo supervisa la cocina, sino que prepara personalmente un extraordinario “apfestrudel” siguiendo fielmente la receta que heredó de su abuela.
El restaurante de El Mirador es famoso muchos kilómetros a la redonda. Especialmente los fines de semana se llena de comensales que llegan desde Bahía Blanca, Coronel Suárez, otras ciudades vecinas y -desde ya- La Plata y Buenos Aires. Ubicado en una acogedora construcción de estilo rústico, que recuerda un típico quincho, el restaurante -perfectamente calefaccionado como todo el resto del hotel- es a la vez un verdadero museo informal.

Una insólita colección para la nostalgia

Todo alrededor de su perímetro los comensales pueden deleitarse con la vista de elementos que les recuerdan sus años mozos o que los transportan virtualmente a tierras lejanas. En un sector, presidido por un típico, gigantesco sillón giratorio de peluquería de antaño, cuelgan de las paredes chapas de autos de Buenos Aires y otras provincias argentinas, codo a codo con chapas del Distrito Federal de México, de la ciudad de Alessandria, en Italia, de varios Estados de EE.UU., provincias de Canadá y regiones de Australia… Todo esto, acompañado por vitrinas que exhiben balas de diversos tipos y calibres. Pero lo más emotivo está alrededor del salón principal, donde el perfume de los leños que arden en el hogar central, se suma al aroma de generosas porciones de chivito al asador, ravioles de salmón y trucha, ciervo y jabalí ahumado y -desde ya- el fragante apfestrudel de Don Aurelio, servido con una generosa porción de crema batida. Alcanza con levantar la vista del plato y encontrarse con una antigua máquina para hacer café, una histórica caja registradora,

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Fotos Carmen Silveira

un viejo Winco con un disco de 78 rpm listo para girar, una anciana “Victrola” con su parlante semejante a una flor descomunal, una verde y negra calculadora Olivetti Divisumma, jubilada por las computadoras, alguna pretérita máquina de escribir, receptores de radio de la era en que la TV aún no había llegado al país, una vieja cámara de TV del canal de Gral. Pico, La Pampa, un viejo proyector de 16mm, herramientas, fotos antiguas, envases, botellas: toda una época ya pasada pero rica de recuerdos y añoranza. Y el listado podría prolongarse mucho más, pero realmente es mejor acercarse y ver todo con sus propios ojos.

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Fotos Carmen Silveira

Botellas con historia

Quizá de todos los objetos que se exhiben allí nos impactaran más una vieja moto que cuelga del techo y una botella verde, ancha, luego angosta y luego nuevamente ancha, con el vidrio lleno de protuberancias que imitan gotas de agua o burbujas. Nos levantamos para verla de cerca porque hacía añares que la habíamos visto por última vez, siendo niños. Se trata de una botella de la famosa Bidú, una gaseosa “cola” muy popular y difundida en su momento. Para quien conoce Sierra de la Ventana desde hace años,

La botella de Bidú se destaca frente al hogar encendido - Foto Carmen Silveira

La botella de Bidú se destaca frente al hogar encendido – Foto Carmen Silveira

la botella de Bidú evoca recuerdos aún más profundos. En una época que hoy parece muy lejana, la Coca-Cola no se podía vender ni en Bahía Blanca ni en su zona de influencia. La empresa no quería revelar su receta ultrasecreta tal como exigían las autoridades, por lo cual estaba prohibido comercializarla. Si uno quería una gaseosa, sólo tenía dos alternativas: la Bidú (cola) y la Bilz (naranja). Obviamente, tampoco faltan en las repisas de El Mirador botellas de Bilz y las ya pretéritas de Canada Dry…

 

En el fondo del restaurante se exhiben también dos grandes fotos aéreas del Complejo, semi-oculto tras dos intensas nevadas ocurridas apenas unos años atrás. Después de la amplia cocina abierta y de la fábrica de alfajores se puede visitar un equipado taller donde se reparan las antigüedades que con el tiempo se van sumando a la colección.

El señor José a cargo del taller en plena actividad - Foto gentileza de El Mirador

El señor José, a cargo del taller, en plena actividad – Foto gentileza de El Mirador

De hecho, muchas de las piezas que se exhiben en El Mirador fueron donadas por fieles huéspedes que hoy son ya “amigos de la casa”.

La colección al aire libre

Pocos pasos separan el restaurante del hotel. Se puede optar por el camino “largo”, en leve subida, o tomar por una amplia escalera. Sea que se opte por el uno o por la otra, afuera espera otra sorpresa. Varios tractores y máquinas de labranza muy bien conservados se acompañan por viejos -ya casi antiguos- carros y sulkys como los que se veían transitar por caminos generalmente polvorientos -y a veces barrosos- por los caminos rurales casi paralelos a las vías del ferrocarril que en aquel entonces era el medio más utilizado para ir desde Plaza Constitución a Sierra de la Ventana. 20180522_132006 20180522_132404 20180522_132125

Al aire libre: tracción a sangre y a motor sobre ruedas - Fotos Carmen Silveira

Al aire libre: tracción a sangre y a motor sobre ruedas – Fotos Carmen Silveira

El servicio ferroviario se fue deteriorando hasta casi desaparecer, pero ahora ha resurgido y los nuevos trenes chinos unen Constitución con la estación de Tornquist en casi 12 horas de viaje lento pero muy confortable.
Desde allí hasta El Mirador hay una distancia que no debe superar los 30 kilómetros, siempre bordeando paisajes serranos bellísimos por la Ruta Provincial 76.
Para quienes estén en duda de dónde pasar las vacaciones de invierno con su familia, la Comarca de Sierra de la Ventana y el Complejo El Mirador son una opción más que aconsejable. Uno llegará como un huésped y se irá como amigo de la familia fundadora y propietaria de este insólito complejo que, como los Maipach mismos afirman, surge “en medio de la nada”, en el extremo sur de la pampa húmeda.

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