Sobre los pasos de Paul Klee

Impresiones personales en torno a una exposición

por Cecilia AcevedO
Gestion Culturelle
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Cuando estudiaba Bellas Artes, a mediados de los’70, tenía una compañera maravillosa: culta, dulce, educada y muy sola, hija de padres ricos que no disponían de mucho tiempo parental.

Irene es uno de esos encuentros iniciáticos que dejan una estela imborrable y única. Entre los regalos artísticos que me brindó destaco uno por sobre todos los demás: Mi amiga tenía el buen hábito de escribir postales, pero las suyas eran las que compraba en sus viajes, provenientes de los museos y exposiciones que visitaba. Así me llegó “El creador”  y fue entonces cuando Paul Klee entró, para quedarse, en mi vida.

KLEE

Sobre un fondo rosa profundo, una figura redondeada conforma un  pequeño personaje, todo él curvo, atravesado por líneas blancas sin ángulos. Un ser compacto y muy sonriente, el genio creador feliz de su acto creativo, en donde esas líneas parten en todos los sentidos pero quedan encerradas en un perímetro completo. El personaje tiene muchas manos y pies, los necesarios para crear, para hacer, para fabricar. No hay línea de horizonte, el creador flota, vuela en un espacio infinito, los brazos desplegados en una danza ligera.

Pero además sonríe, satisfecho de su potencial, asertivo y seguro. Y ese fue para mí el punto de seducción. Hasta ese momento yo conocía el arte solemne y distante, pero a través de Paul Klee y ese descubrimiento de su obra, entré en el mundo de los “Artistas Amigos” así como ya tenía el de los “Escritores amigos”.

Artistas que me sonríen desde su alma, me traen la brisa fresca de los días del final del verano, que introducen la música y el humor en su obra. Y luego, a partir de la sonrisa, vamos profundizando, hasta llegar allí adonde ellos nos querían llevar, para decirnos que no hace falta ser solemne para ahondar en el alma humana a través del lenguaje artístico.

El Centro Georges Pompidou de París presenta hasta el 1 de agosto de 2016  la exposición “Paul Klee, l’ironie a l’oeuvre” que, traducido libremente,  nos daría algo así como la “ironía en acción”, alrededor de 200 obras de las más representativas de este artista, algunas jamás exhibidas en la capital francesa. “Nadie tiene necesidad de ironizar a costa mía, de eso ya me encargo yo mismo” decía Klee en 1906.

Bien que profesor de la prestigiosa escuela alemana  Bauhaus, Paul Klee (1879-1940) no era amigo de los dogmas, ya que si bien comulgaba con el ideario de ese movimiento, siempre daba un giro más, demostrando que el artista es ante todo un ser libre de decir y desdecir un concepto, en pos de su verdad última y más personal. Si con algo se comprometió realmente es con el rechazo a la ideología totalitaria que le tocó vivir con el nazismo, y en eso fue claro y rotundo. De nacionalidad alemana por su padre, eligió el exilio en la tierra que le vio nacer, Suiza, de donde su madre era nativa.

Pero su obra del período está cargada de crítica ácida hacia la guerra y sus consecuencias, como lo demuestran los dibujos de 1939 con títulos explícitos como “Fiel al Führer”, “Heil”, “No disparar”…

Músico apasionado, (su padre fue profesor de música en Berna, y Paul tocaba el violín con gran maestría) durante toda su trayectoria la música marca el ritmo y la cadencia formal de su trabajo plástico. La diversidad de técnicas, la búsqueda de nuevos lenguajes y soportes demuestran que Paul Klee no cesó de innovar ni hasta cuando cayó gravemente enfermo y se vio limitado en sus movimientos: arte gráfico, grabado, acuarela, pintura al óleo, collage, marionetas…

La exposición del Centro parisino es un exhaustivo recorrido por la trayectoria vital del artista. Recorrerla es penetrar en sus ámbitos temáticos y formales. Su gusto por los animales, la dulzura de los pájaros y los peces, la aparición de personajes primitivos que tienen la frescura del trazo ingenuo e infantil esconden con pudor una personalidad reflexiva, en donde la filosofía nos envía el mensaje sin que ello nos cargue o intelectualice en exceso el placer puramente estético.

“Ni un día sin una línea” la divisa de Plinio que hizo suya, nos ha dejado una obra prolífica que se acompaña de ensayos críticos el donde el Klee pedagogo se muestra ante todo como un ser deseoso de transmitir, y de testimoniar sobre su tiempo.

Próximo al surrealismo, durante mucho tiempo se lo consideró un ser apartado del movimiento, pero el apoyo sostenido de Antonin Artaud y más tarde de André Breton han situado en esa esfera a un Klee onírico, capaz de crear arquitecturas utópicas o ídolos que parecieran provenir directamente de África u Oceanía, figuras que ejercieron una gran fascinación entre los surrealistas y los cubistas, como en el óleo sobre papel “Hechiceras del bosque” de 1938.

Y a propósito de cubismo, la muestra dedica una sala a la obra que le inspiró Picasso, en el que temía a un serio competidor que podría influir en su trabajo hasta fagocitarlo. Una vez más, su sentido del humor al servicio de sus ideas le permitió saludar al maestro español preservando su espacio. (“Español” “Influencia” “Buey de la época heroica”). Ambos artistas se reunieron en Berna en 1937, aunque este encuentro fue breve y sin grandes debates estéticos.

Más arriba ya he hecho referencia a la enfermedad degenerativa (esclerodermia) detectada a sus 56 años, que lo llevó a simplificar trazos, y curiosamente como casi siempre sucede en el arte, esto aportó un punto de inflexión, una síntesis cuya apariencia de escritura islámica, (como en ”Arcángel”) nos lleva a lugares remotos, soleados y coloridos, o bien a noches profundas y melancólicas.

Las flechas,(“Trueno petrificado”) los símbolos,(“Alpha Beth” )las marionetas(“Marioneta nº7”), los títulos con una carga humorística(“El emperador se va a la guerra a caballo” en donde un ridículo personaje está montado sobre un aparato absurdo) o surrealistas como en la “Magia de los peces” nos hablan de infinitos universos que a lo largo de su trayectoria ha ido desplegando, códigos personales cuyas claves pueden quedar a la libre imaginación de cada espectador. La muestra se cierra con la obra concebida poco antes de su desaparición, “Angelus Militans” , una composición geométrica que es una síntesis de su vida artística y un último mensaje, en el que ya cerca del final el artista se ve como un ángel, sí, pero activo y militando siempre por sus ideas y causas.

Cuando comencé el recorrido, y conforme iba avanzando en las salas, el corazón me latía más rápido, sabía que finalmente conocería a ese “Creador” de mi juventud. Todos estos años nos habíamos entrevisto a distancia, a través de alguna que otra exposición de Klee en la que “El Creador” no había podido venir…y allí estaba! Más pequeño de lo que imaginaba pero tan intenso como lo había presentido.

Han pasado muchos años desde que lo conocí y entre tanto mi vida se fue nutriendo de exposiciones y encuentros artísticos, pero sólo hoy viví la experiencia directa de ver ese trabajo. He llegado hasta aquí, y el Creador tutelar me tomó de la mano, para visitar juntos esta excepcional exposición.

Cecilia Acevedo / Francia, junio de 2016

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