Un español, una mexicana y un chino, estafan al mundo del arte.

El viernes pasado detuvieron en Sevilla a José Carlos Bergantiños Díaz, un español de 58 años, que desde la década del 80 hasta la actualidad, se ha encargado amasar una fortuna que ronda los 80 millones de dólares. Cómo lo hizo, es una historia interesante.

 

A mediados de la década del 80, un estudiante chino llamado Pei-Shen Qian que acaba de radicarse en New York para estudiar pintura, pintaba y vendía sus cuadros en las calles de Manhattan. Fue por esos tiempos cuando se conoció con Bergantiños Díaz, empresario bonachón, afable y loco por las obras de arte. Éste, aparentemente, vio en Qian un talento especial y lo contrató para que trabajara para él. La consigna consistía en imitar obras de pintores del arte moderno como Kline, Pollock, de Kooning, Newman, o Francis, pero no se trataba de copiar obras ya existentes, sino de emular la técnica de alguno de estos artistas consagrados, producir obras nuevas y hacerlas pasar por cuadros recién descubiertos.

 

La galería Knoedler & Company, una de las más antiguas de New York, era la encargada de hacer circular las falsas pinturas. Debido a la gran cantidad de demandas recibidas de parte de los estafados, la sala tuvo que cerrar sus puertas en 2011. Julian Weismann, marchante independiente, también se encargó de hacer circular las pinturas.

 

Aparentemente, el gran cerebro del negocio no era Bergantiños, sino su esposa, la mexicana Glafira Rosales. Ella era quien tenía contacto directo con Qian, a quien le compraba sus obras por unos pocos dólares, vendiendolas después por millones. Según el informe, la galería Knoedler pagó un total de 20,7 millones de dólares por los cuadros de Quian, y los vendió a 43 millones. Weismann compró por 4,5 millones y vendió por 12,5. En total, se colocaron 60 cuadros falsos, cuyo valor adjudicado fue de 80 millones de dólares.

 

Cuando los coleccionistas comenzaron a buscar la autentificación de sus obras y no las consiguieron, el negocio se complicó. El año pasado, en septiembre, Rosales admitió ser culpable de los nueve cargos de los que es acusada, y cuya pena es de 99 años en la cárcel.

Para generar las falsas pinturas, Qiam contaba con telas y pinturas antiguas. Incluso se usaba calor para darle a las obras aspecto más viejo. Quien le proveeía al pintor estos materiales era Bergantiños.

 

Qiam ahora está en Shanghai y declaró hace poco que estaba siendo víctima de un malentendido. Según sus palabras: “Hice una navaja para corta fruta, pero si otro la usa para asesinar, acusarme a mi es injusto”.

 

Por su parte, la pena para Bergantiños, rondaría los 80 años de cárcel.

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