ROBO DE ARTE , SOLO SUPERADO POR EL NARCOTRAFICO Y EL CONTRABANDO DE ARMAS

Por Viviana Muso

El robo de obras de arte -ubicado entre los delitos más importantes, detrás del tráfico de drogas y de la venta ilegal de armas-  dejó de ser una actividad casi exclusiva de individuos o de pequeñas bandas para constituirse en una operatoria más del crimen organizado, que encuentra en ellas una herramienta ideal para financiar o garantizar sus acciones.

La utilidad de las obras de arte en el mundo del delito está dada por la facilidad de trasladarlas a grandes distancias o a través de las fronteras, ya sea para pagar compras de drogas, armas y bienes de contrabando o para usarlas como garantía de operaciones ilícitas, en especial de narcotráfico. En función de este uso, los delincuentes acuerdan un sistema paralelo de valuación de las obras y operan sobre esa base.

Esta es la razón por la que se siguen robando obras prácticamente invendibles, que serían reconocidas de inmediato. Lamentablemente, al emplearlas como elemento alternativo de pago o garantía las obras robadas van siguiendo un derrotero que las hace cada vez más difíciles de localizar.

Se estima que, a nivel global, el robo de arte y antigüedades representó durante el último año alrededor de 6.000 millones de dólares. No obstante, la atención que recibe este tipo de delitos por parte de las fuerzas policiales es mínima, lo que es confirmado por la bajísima tasa de recuperación para todo lo robado: 1,5 por ciento.

Muchas veces pasan más de 20 años hasta que se recobra una pieza robada y, en otros casos no hay posibilidades de encontrarla porque quienes la roban, al no poder comercializarla, la destruyen.

En un seminario realizado en Londres por ARCA (siglas en inglés para Asociación para la Investigación de los Crímenes relacionados con el Arte), especialistas de agencias oficiales y privadas y de las fuerzas policiales de distintos países de América y Europa dieron cuenta de la gravedad de la situación y admitieron que la mayoría de los agentes de seguridad no están preparados para distinguir obras de arte entre un conjunto de objetos robados.

La mayoría de los participantes coincidieron en destacar la falta de seguridad en los museos debida, fundamentalmente, a las dificultades presupuestarias que los condicionan y los convierten en blancos de los delincuentes.

En el Reino Unido, donde el robo de arte asciende a 400 millones de dólares y sólo es superado por el tráfico de drogas, la Policía Metropolitana cuenta actualmente con tres oficiales destinados a ocuparse de este tipo de delitos, mientras que en 1993 contaba con 14.

En Estados Unidos, el FBI, que es la dependencia que se dedica a esclarecer los robos de arte, tiene 14 agentes entrenados especialmente para eso, pero ninguno trabaja exclusivamente en esa área.

Al parecer, Italia es el país que mejor lidia con esa clase de ilícitos, ya que los Carabineros (una fuerza de 350 hombres) mantienen un índice de recuperación de arte robado de 30 por ciento.

El problema fundamental, según los expertos reunidos en el seminario de ARCA, es la ausencia de una base de datos internacional de carácter oficial, que registre todos los robos de arte y antigüedades y a la que tengan acceso todas las fuerzas policiales y las agencias que se dedican a resolver ese tipo de delitos.

Interpol, por ejemplo, disponía en 2011 de un registro de 40 mil obras robadas, mientras que organizaciones privadas dicen que en sus listados figuran unas 300 mil.

Por otra parte, los participantes también cuestionaron el accionar de algunas agencias privadas que cobran altas comisiones a las víctimas de robos y que alientan el pago de rescates.

Las policías, el FBI y algunos centros privados de investigación rechazaron la práctica de pagar rescates a los criminales, ya que coincidieron en que eso sólo contribuye a crear un “mercado del robo”. Tanto ellos como los museos aprueban el pago de recompensas por informes y aseguran que se pueden recuperar obras mediante negociaciones éticas.

Lamentablemente, una vez robadas, el destino de las obras es incierto y no hay una estrategia que asegure su recuperación. Hace 20 años se estableció una recompensa de 5 millones de dólares para quien ayudara a resolver el robo del Museo Isabella Stewart Gardner, ocurrido la noche del 18 de marzo de 1990 en Boston, Estados Unidos, cuando dos hombres que se hicieron pasar por policías ingresaron y se llevaron 13 obras de arte de Rembrandt, Vermeer, Degas, y Manet, entre otros artistas. Todavía no fue cobrada.—

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