Guido Minerbi

Acerca de Guido Minerbi

Nació en Buenos Aires. Estudió en la Universidad de Washington de Seattle, EE.UU. (B.A. en Periodismo y M.A. en Comunicaciones).Vivió en EE.UU. e Italia. Es artista plástico y expuso en Argentina, Bélgica e Italia. Fue coordinador de Fundación Gillette, miembro del Consejo Directivo de la Fundación Cinemateca Argentina, secretario general del XI Congreso de la Federación Mundial de Asociaciones de Amigos de los Museos y Chairman de la IPRN (International Public Relations Network). Es Director General de la consultora Minerbi/Silveira Comunicación Corporativa.

Art Gallery of Ontario, la joya de Toronto

Hay arquitectos quienes -más que arquitectos- son artistas que se podrían considerar escultores. Sus esculturas tienen muy poco que ver con las de Buonarroti, Moore, Mora, Rodin o Botero, pero al igual que éstas, dejan profundas huellas en el entorno, las ciudades, el mundo y la humanidad.

Edificios, puentes, estructuras, torres y enteras ciudades dejan una marca indeleble y se convierten en puntos de referencia irreemplazable para los seres humanos. Así, Atenas “es” el Partenón, Roma el Coliseo, París la Torre Eiffel, Egipto las Pirámides y -¿por qué no?- Buenos Aires el Obelisco.

Uno de estos arquitectos-escultores falleció unos dos meses atrás: su obra más emblemática es nada menos que una ciudad completa, la capital de Brasil, Brasilia. El longevo, genial Oscar Niemeyer falleció días antes de cumplir los 105. Otro gran arquitecto que nos legó toda una ciudad fue el suizo Le Corbusier, quien ideó y planificó en 1951 la ciudad de Chandigarh, capital de dos estados de la India, Panjab y Jariana.

Un arquitecto tucumano contemporáneo, César Pelli, forma parte de este notable club. Le acompaña el valenciano Santiago Calatrava, cuyos puentes ya son emblemáticos en varios lugares del mundo – Buenos Aires y Venecia entre otros. Integra este grupo de arquitectos-artistas-escultores Frank Gehry, canadiense de nacimiento, otro grande que suele dejar su huella inconfundible: su Museo Guggenheim ha marcado Bilbao para siempre.

La fachada del AGO refleja las típicas casas de estilo inglés - Foto Carmen Silveira

Gehry nació en Canadá en 1929 como Frank Goldberg. En 2008 le encomendaron el rediseño de la estructura, la fachada y las salas del AGO -Art Gallery of Ontario- el museo de bellas artes de Toronto. En su fachada, se despliega una ondeante marquesina de paneles de plexiglás ahumado que reflejan el entorno de galerías de arte y casas de estilo inglés enmarcadas desde lejos por los rascacielos del centro financiero de la ciudad.

La escalera en espiral diseñada por Frank Gehry parece conducir al infinito... - Foto Carmen Silveira

En su interior, grandes planos de madera color miel realzan paredes y escalinatas. La más imponente es una espiral cuyas evoluciones parecen llevar al infinito. Los paneles, las escaleras y la impactante espiral potencian la fuerza que emanan las obras expuestas.

La nueva fachada del AGO permitió a Gehry crear espacios interiores insólitos - Foto Carmen Silveira

Quizás el aspecto más notable de la profunda intervención de Gehry en el museo es que éste, moderno, dinámico, atractivo y aun majestuoso, no compite como otros con las obras allí expuestas. Muy por el contrario, podría afirmarse que Gehry ha buscado que su gran obra quede en segundo plano, y permita al museo cumplir a pleno con su misión: velar por el cuidado, la conservación y el total lucimiento de las obras que alberga.

La torre CN, emblema de Toronto - Foto Carmen Silveira

Toronto misma es una ciudad muy atractiva, que merece la visita aun del viajero “que lo ha visto todo”. De hecho, una visita a la capital de la Provincia de Ontario permite conocer dos ciudades en una, a orillas del gigantesco lago homónimo. La primera es la ciudad donde se encuentra el AGO, que podríamos definir “la ciudad aparente”.

Toronto, desde la torre CN, se pierde en la distancia - Foto Carmen Silveira

Para poder gozar de Toronto aun en los muy fríos meses de invierno, hay “otra” ciudad con 28 kilómetros de calles (conocida como “The Path”, algo así como “La Senda”), un interminable centro comercial subterráneo que no solo conecta entre si los principales edificios del centro de Toronto, sino que permite acceder a la moderna red de subterráneos y trenes. Ésta podría definirse como la “ciudad escondida”.

Desde la torre CN los rascacielos de Toronto no parecen tan altos - Foto Carmen Silveira

En realidad, en Toronto vale aquello de “no hay dos sin tres”, porque no solo se la puede apreciar a nivel de “planta baja” y de “subsuelo”. Hay otra ciudad majestuosa que podría definirse “virtual”, una ciudad que “se mira pero no se toca” y que se revela solo a quienes ascienden a la emblemática Torre CN, desde cuyos miradores se puede gozar de una alucinante vista aérea de una de las más hermosas ciudades de América del Norte, a orillas de uno de los lagos más extensos del mundo. Así, en un solo viaje, se pueden conocer un gran museo y “tres ciudades en una”, todas hermosas.

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