Giacometti. Poblar el territorio. El alma de los objetos inanimados, por Fernando Cocchi.

Fernando Cocchi, alumno Área Transdepartamental de Crítica de Arte. IUNA  Instituto Universitario Nacional del Arte.

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Organizada por la Fundación Albertoy Annette Giacometti, Base7 Projetos Culturais y Fundación Proa, y con el auspicio de Tenaris – Organización Techint, Giacometti desembarca en Argentina esta muestra curada por la especialista Véronique Wiesinger, directora dela Fundación.

Por primera vez en Argentina se presenta una selección de casi 150 obras realizadas entre la primera década del siglo XX y los años 60, pertenecientes, fundamentalmente, al acervo de la Colección de la Fundación Albertoy Annette Giacometti de París y que se complementa con un conjunto de piezas de colecciones privadas dela Argentina y el Museu de Arte Moderna do Río de Janeiro.

Un espacio que aflora desde la precisión de las formas, invitando a penetrarse, a habitarse. El derredor es un margen finísimo delimitando lo inhabitable y lo despoblado. Las líneas eternas de las fatuas figuras femeniles inclinadas a un abismo escandaloso; un ejército de rostros y bustos alcanzando la lejanía con ojos de una mirada imparcial, impertérrita; la fragilidad y languidez de naturalezas muertas o la distancias de los hombres en un cauce de magia y alucinación primitivista o el escrúpulo de los objetos ornamentales. Todo lo que está y no está en los derredores forman parte del territorio Giacometti.  Un planeta a ocupar.


La curadora nos lleva a recorrer los territorios que se entrecruzan en la obra de Alberto Giacometti: el descubrimiento del arte africano; su principales influencias: Cézanne, Carl Einstein, Jacques Lipchitz, Leger, Brancusi; la concepción de un nueva forma de representar la figura humana, la implicancia del artista con Sudamérica y las cercanías con André Breton, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Jean Genet, algunos de los pensadores más influyentes del siglo XX.
La exposición condensa toda su producción, iniciando en el surgimiento de las expediciones antropológicas que atrajeron la mirada de muchos artistas modernos a territorios ancestrales. Si bien no perteneció al grupo del primitivismo formado por artistas como Picasso o Derain, las primeras asonadas causadas en el público tienen que ver con obras íntimamente ligadas a sus impresiones del arte africano. Femme-cuillère (La mujer-cuchara) y Le Couple (La pareja) fueron las dos obras,  expuestas en 1927 en el Salón de las Tullerías de París, que lo acercaron por primera vez al gran publico. Esa influencia no sólo anunció en sus obras un apartamiento en las prácticas académicas y sociales de los modelos de representación, también trajo consigo una vuelta al orden de las formas esenciales enunciándose con una mirada mágica y totémica de la figura humana, donde la fiereza de la violencia se condensa en la tensión del cuerpo muerto. Una belleza que va encubriendo fantasías misóginas  mezcladas con sueños de liberación personal. Las voces de Giacometti argumentan en distintos registros un grito que anuncia la creación.

 

Esculturas, objetos y los terrenos habitados

En 1935, la obsesión por la cabeza humana le cuesta la expulsión del grupo surrealista al que se había unido en 1931. Durante toda su producción la cabeza humana fue un receptáculo de todas las tensiones que se generan entre el espacio, el modelo y la mirada, y que constituyó una fuente inagotable de creación, utilizando como modelos principalmente a su hermano Diego, a la artista Isabel Delmer y su esposa Annette. Giacometti continuó empleando los mismos recursos surrealistas para concebir una obra onírica y lúdica; siguió sirviéndose de montajes y ensamblajes. Femme qui marche (Mujer que camina) de 1932, fue expuesta en la oposición surrealista de 1932, y se la puede ver en PROA en su versión sin brazos ni cabeza.

Desde 1930 Giacometti se lanza a la creación de objetos utilitarios como jarrones, lámparas, chimeneas y apliques que tenían destinos ornamentales en compañía del decorador Jean-Michel Frank, y que reunían claras influencias egipcias. La relación con el decorador  francés aglutina el vínculo con la Argentina. Jean-Michel Frank visitó Argentina en los años treinta huyendo de las arremetidas Nazis y muchas de sus obras comenzaron un derrotero en las colecciones de  muchas de las familias más importantes de Buenos Aires. En simultáneo, Giacometti se reunía en París con Jorge y Matilde Born para proyectar con otros artistas, entre ellos Dalí, la decoración de la nueva residencia de la familia en San Isidro. En este sentido, una de las primeras coleccionistas de las obras de Giacometti, también era argentina: “mademoiselle de Alvear”, proveniente de una de las familias de la nobleza porteña y sobrina del General Carlos María, de quien Antoine Bourdelle, primer maestro de Giacometti, había realizado el monumento que hoy se encuentra en el barrio de Recoleta. La obra comprada, según data en los documentos del propio Giacometti, es un ejemplar de Cabeza que mira de 1929.

La monumentalidad de las obras de Giacometti se inscribe en un espacio indeterminado como recuerdos de un pasado cargado de símbolos. Una constante recuperación de elementos oníricos. En “Jaulas” sobreviene la relación entablada en 1941 con Jean-Paul Sartre, quien escribió dos ensayos sobre la poética de Giacometti. “Cubiertas por la soledad del espacio” como escribió Sartre, las obras de mitad de la década del cuarenta, se preguntan acerca del espacio de la representación. Las obras se apartan del suelo en pedestales o se extienden en un espacio virtual definido por “jaulas” o marcos como “Bola suspendida” (1930/31). El propósito de establecer diferentes planos es otro intento entorno a la representación del territorio donde se contienen las obras y los sujetos.

En toda la obra de Giacometti lo que se desprende es el desinterés por la representación de una particularidad del modelo. No existe la intención de representar aspectos sensibles ni exclusivos del espectro interior. Por el contrario, toda la obra es un estudio que desentraña problemas de estructura, de espacio y desplazamientos, pero fundamentalmente una perspectiva de cómo Giacometti interpreta el mundo. El real.

Alberto Giacometti
Fundación PROA
Del 13 de Octubre de 2012 al 30 de Enero de 2013.

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Fernando Cocchi
fernandococchi@msn.com

Fernando Cocchi nació en Los Toldos, Bs. As. Es estudiante de Crítica de Arte en IUNA. Participó como expositor en el 2° Congreso Internacional de Gestión Cultural, Mar del Plata, agosto 2011, (UNMDP).  Y en las Jornadas Internacionales de Investigación en Arte en la Universidad Nacional de La Plata en noviembre de 2011. Sus trabajos de investigación fueron destacados en Caras y Caretas, Revista rumbos, y Diario Crítica entre otros. Trabajó en la oficina de Prensa del Museo Nacional de Bellas Artes, en el Centro de Documentación del Centro Cultural Recoleta y fue encargado dela Galería de arte contemporáneo Isidro Miranda, en San Telmo. En la actualidad coordina un proyecto de revalidación y preservación del patrimonio histórico y cultural en la ciudad de Los Toldos.

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